Los directores nos hablan de sus películas
Semana del Cine Italiano: Milani, Gelormini y Pif con historias que desafían al público en Buenos Aires
La muestra se realiza del jueves 3 al miércoles 9 de septiembre en Cinépolis Recoleta, con películas y encuentros con sus directores.
La pantalla se llena de historias que no se quedan tranquilas: Un hombre que se niega a entregar la tierra donde nació, una mujer que descubre el amor en un vínculo imposible y un hombre que finge creer en Dios para conquistar a la mujer que ama. La Semana del Cine Italiano vuelve a Buenos Aires con 12 películas y siete días de funciones, pero también con tres directores dispuestos a hablar de aquello que sus películas dejan abierto.
La 12° edición se desarrolla del jueves 3 al miércoles 9 de septiembre en Cinépolis Recoleta, Vicente López 2051. La programación reúne cine reciente italiano, películas de autor, comedias, dramas, propuestas de género y primeras obras, con la presencia de algunos de sus realizadores. La apertura queda en manos de La vida es así, de Riccardo Milani, una película que parte de un conflicto por la tierra y termina hablando de algo mucho más difícil de ponerle precio: la vida de una persona.
Riccardo Milani y una casa que no tiene precio
Riccardo Milani encontró la historia de La vida es así en un hombre que recibió ofertas de dinero para abandonar su casa y decidió decir que no. "Esta es mi casa y yo decido qué hacer con mi casa", resumió Milani en una frase que encarna el espíritu de la película. Milani explicó que esa casa no vale solamente por sus paredes o por el terreno donde está construida: "Ahí están mis bisabuelos, mis abuelos, mis amigos, mi vida. Yo nací y crecí ahí", contó el director en diálogo con EscribiendoCine.
La historia también excede al hombre que se niega a vender. Milani vio allí el relato de una comunidad atravesada por posiciones enfrentadas y por una herida que todavía no encuentra una salida. "Es la historia de un hombre, pero también es la historia de una comunidad dividida por este problema, con una laceración profunda y dramática", sostuvo.
El tono elegido para contarla generó reparos entre los habitantes del lugar. Milani recordó que algunos desconfiaron porque su historia aparecía narrada desde la comedia, aunque su intención nunca fue burlarse del conflicto. "No era humorismo barato. Era ligereza", explicó. La recepción cambió cuando los vecinos vieron la película terminada y entendieron que detrás de ese tono existía respeto por una historia que todavía no tenía resolución.
La elección de Giuseppe Ignazio Loi como protagonista también marcó el rodaje. El actor no era profesional y para Milani esa condición terminó siendo decisiva. "He hecho 16 películas y trabajé con personas que no son actores y con grandes actores, pero tener a una persona que no es actor como protagonista era algo nuevo para mí", relató y destacó: "Nunca había encontrado a un no actor tan bueno".
La fotografía también debía contar esa contradicción entre belleza y sufrimiento. Milani explicó que Simone D’Onofrio entendió que la luz debía acompañar la historia y mostrar tanto los paisajes de Cerdeña como las dificultades de quienes viven allí. "La luz tenía que contar la belleza, la pureza y la pobreza", resumió.
Nicolangelo Gelormini y un amor que puede destruirlo todo
Nicolangelo Gelormini llevó en La alegría una obra teatral hacia el cine y decidió alejarse de la noticia real que había inspirado aquella historia. El director trabajó con los guionistas Giuliano Scarpinato y Benedetta Mori para entrar en los vínculos entre los personajes sin convertir la película en una reconstrucción periodística.
Gelormini explicó que el objetivo consistía en acercarse a la realidad sin quedar atrapado en ella. "Intentamos alejarnos lo más posible de la realidad, respetando la realidad, entrar en las dinámicas relacionales de los protagonistas y en sus sentimientos", señaló. La decisión también buscó preservar la memoria de Gloria Rosboch, la víctima real que inspiró al personaje de Gioia.
La protagonista tiene 50 años, vive con sus padres y nunca conoció una vida diferente hasta que aparece Alessio, un joven que modifica por completo la imagen que tenía de su propia existencia. Gelormini encontró allí el verdadero conflicto. "Una cosa es el sentimiento real y otra es la proyección del amor, pero las dos tienen la misma fuerza y las mismas consecuencias", explicó. La relación entre una profesora y un alumno tampoco fue pensada desde una discusión moral sencilla. El director quiso entender cómo una mujer culta podía creer en un sentimiento que, desde afuera, parecía evidentemente manipulado.
"No queríamos discutir si era moral o inmoral. Queríamos entender cómo podía suceder", sostuvo Gelormini. La película busca que el público pueda creer en esa relación antes de juzgarla, incluso cuando el espectador advierte desde temprano las intenciones de Alessio.
La recepción también sorprendió al director porque La alegría no busca tranquilizar al público. "Me alegra que la gente no se haya asustado con la película, porque es una película que molesta y no tiene miedo de molestar", afirmó. Gelormini encontró en esa reacción una confirmación de que todavía existe un público dispuesto a mirar historias que incomodan y dejan preguntas.
Pif, una comedia entre Dios, el amor y el Papa
Pif, Pierfrancesco Diliberto, presentó Que Dios perdona a todos, una novela que publicó en 2018. El paso del libro al cine ocurrió varios años después y el propio director reconoce que el tiempo también modificó su mirada. "Yo también cambié. El lenguaje del libro y el lenguaje de la película son diferentes", contó.
Arturo, el protagonista, comparte con Pif una pasión por los dulces y algunos rasgos sicilianos, aunque el director se encarga de marcar distancia con el personaje. "Siempre se empieza por uno mismo, pero la película no habla de mi vida. Mi ego es grande, pero no tanto", dijo entre risas.
La historia se mete con la fe a través de una comedia. Arturo conoce a Flora, una mujer de la que se enamora, pero descubre que ella es una católica devota mientras él dejó de creer cuando era chico. El hombre decide fingir que comparte sus creencias y ese engaño abre una búsqueda que termina involucrando al Papa.
Pif quiso poner en discusión la manera superficial en que muchas personas invocan el cristianismo. "Me gusta reírme del uso superficial que muchos italianos hacen de ser cristianos", explicó. El director también cuestiona la utilización política de esa identidad religiosa: "Hay personas que dicen ser cristianas mientras dejan morir a personas en el Mediterráneo. Para mí, eso tiene poco de cristiano".
El personaje del Papa no estaba en la novela y apareció durante la escritura del guion. Pif contó que la mayor dificultad estuvo en escribir sus diálogos porque nunca quiso nombrar directamente a Francisco, aunque la inspiración resultara evidente. "Queríamos que fuera creíble y que dijera cosas sensatas, cosas correctas", explicó.
La llegada de la película a la Argentina tiene para Pif un interés particular. El director sabe que la figura de Francisco tiene una relación especial con el público argentino y por eso espera descubrir cómo será recibida la historia. "Es una película muy italiana, pero tiene un alma argentina", aseguró.
Pif también encontró puntos de contacto culturales entre ambos países: la tradición religiosa, el fútbol, la presencia italiana y una cultura que en Argentina adquirió una identidad propia. "Hay muchas cosas que compartimos. La cultura italiana en Argentina se argentinizó", señaló.