Vida en obra
Luz Fernández de Castillo: de seis décadas en el arte al salto al cine con “Romance de la luna negra”
La escritora, galerista y gestora cultural abrió otro capítulo a los 88 años y mantiene activa una obra atravesada por los libros y la creación.
Luz Fernández de Castillo no llegó al cine después de una vida alejada del arte. La escritora, artista plástica, editora, galerista y gestora cultural acumulaba más de seis décadas de trabajo cuando Pablo César la convocó para actuar. La interpretación sumó un lenguaje nuevo a una trayectoria construida entre libros, exposiciones, editoriales, filosofía y promoción de otros artistas. La creadora acaba de filmar su segunda película a los 91 años y sostiene que el retiro nunca formó parte de sus planes.
La obra de Luz incluye 16 libros, dos sellos editoriales, 140 cabezas escultóricas y una fundación dedicada a la fotografía. La artista creó en 2000 uno de los primeros espacios de América Latina enfocados exclusivamente en esa disciplina. La institución abrió sus puertas cuando otras galerías compartían sus salas entre imágenes fotográficas, pinturas, dibujos y grabados. La gestora también recibió distinciones de la Academia de Bellas Artes y premios ligados a la cultura latinoamericana.
Su infancia fue atravesada por una pérdida materna temprana y la biblioteca como refugio. Su padre, un andaluz apasionado por la literatura, le enseñó a leer a los cuatro años y acercó a su vida los textos de Quevedo, Cervantes, Espronceda, Julio Verne y Lamartine. La escritora recibió un libro de Jorge Luis Borges a los siete años y recordó ese episodio como uno de los grandes orgullos de su biografía.
La formación académica la llevó hasta el doctorado en Ciencias Económicas, aunque nunca ejerció esa profesión. Luz bromeó con que ese título era “algo de qué avergonzarse” porque jamás entendió el debe y el haber. La filosofía y el arte ocuparon el lugar que la contabilidad nunca consiguió ganarse,y emprendió así un camino ligado a la creación.
El cine llegó cuando la obra ya estaba en marcha. Luz debutó como actriz a los 88 años con Después del final (2024), una película basada en una historia escrita por ella. La producción recorrió festivales internacionales y recibió seis premios en lugares como Nueva York, Miami, Marruecos, Rumania y la India. La intérprete tomó esos reconocimientos con humor y definió aquella experiencia con una frase directa: “Empezar a trabajar en cine por primera vez a los 88 o 89 años es de vieja loca”.
El nuevo oficio llevó su escritura, su voz y su forma de pensar hacia la pantalla. Luz sostuvo que una persona puede aprender algo distinto hasta el último minuto de su vida. “Nunca fui una mujer para sentarse a hacer crochet mirando televisión. Eso nunca fue lo mío”, afirmó la autora sobre el camino que eligió destacando su total respeto a quienes encuentran diversión en esa actividad.
La segunda experiencia llegó con Romance de la luna negra, rodada en España bajo la dirección de Pablo César. La película presenta a una mujer que busca su propia sombra y enfrenta la parte de sí misma que mantuvo oculta. Luz vinculó ese argumento con el concepto de Jung y con el inconsciente planteado por Freud. “Hay que mirarse frente a frente y decir basta”, sostuvo al describir el conflicto central de la película.
En su vida, Luz retomó la fórmula de Domingo Faustino Sarmiento y la llevó hacia su propio terreno: “Él decía civilización o barbarie y yo digo cultura o muerte”. La escritora considera que los libros, la reflexión y el arte separan al ser humano del retroceso.
Lejos de buscar dopamina en la velocidad, la falta de lectura y el rechazo a la frustración, Luz cuestiona la automatización de la cultura: “La inteligencia artificial se inventó porque no queda más inteligencia natural”, explicó y agregó: “Yo quiero hablar con humanos”.
“Quisiera que Dios, si es que existe -tengo mis dudas-, me diera más tiempo para seguir escribiendo libros, porque necesito decir las cosas, necesito dejarlas. Yo siempre digo que, después de muerta, no quiero que me pase lo que decía Gustavo Adolfo Bécquer: ‘¿Quién, al otro día, cuando el sol vuelva a brillar, se acordará de que pasé por el mundo?’. Hay que dejar un legado, hay que hacer el mundo un poquitito mejor, aunque sea con una gotita de agua. Algo que justifique tu paso por el mundo. Yo quiero subir al último tren con la frente muy alta y con la paz entre Dios y yo”, concluyó Luz Fernández de Castillo.