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Crítica de "Los Demonios del Amanecer": Un romance gay en la Ciudad de México marcado por el destino

Julián Hernández regresa con "Los Demonios del Amanecer", una película que narra un romance gay juvenil en la Ciudad de México, donde dos jóvenes luchan por sus sueños y su amor frente a la adversidad.

Crítica de "Los Demonios del Amanecer": Un romance gay en la Ciudad de México marcado por el destino
lunes 20 de julio de 2026

El cine de Julián Hernández ha construido, a lo largo de los años, una exploración constante de los vínculos afectivos, el deseo y las formas en que la identidad se expresa dentro de espacios muchas veces hostiles. En Los Demonios del Amanecer (2024), el director retoma esas inquietudes a través de la historia de Orlando y Marco, dos jóvenes que encuentran en el otro una posibilidad de encuentro en medio del ritmo incesante de la Ciudad de México.

La relación surge de manera fortuita durante un trayecto en transporte público. Ese espacio de tránsito, atravesado por la rutina y el anonimato, se convierte en el punto de partida de un vínculo que irá creciendo mientras ambos intentan comprender sus emociones y el lugar que ocupan dentro de su entorno.

La Ciudad de México adquiere un papel central en el relato. No funciona únicamente como escenario, sino como una presencia que condiciona la experiencia de los personajes. Las estaciones, las calles congestionadas y los espacios urbanos por los que circulan acompañan las transformaciones de la relación, reflejando tanto sus momentos de incertidumbre como aquellos instantes de cercanía que logran construir lejos de las miradas ajenas.

Hernández contrapone la dimensión expansiva de la ciudad con la intimidad de los encuentros entre Orlando y Marco. Esa tensión permite que la película observe cómo el afecto se abre paso dentro de un contexto marcado por normas sociales, prejuicios y expectativas que todavía influyen sobre la forma de vivir y expresar el deseo.

El relato también se detiene en las dificultades que enfrentan quienes buscan construir una relación fuera de los modelos tradicionales. Sin convertir el conflicto en una consigna, la película muestra cómo las barreras externas terminan dialogando con las dudas, los temores y las contradicciones de los propios protagonistas.

Apoyado en una puesta en escena cercana a los cuerpos y en un trabajo interpretativo que privilegia los gestos y las miradas por encima de las explicaciones, Hernández desarrolla una narración que busca acompañar el recorrido emocional de sus personajes. Los Demonios del Amanecer se integra así a una filmografía que continúa interrogando las formas del amor contemporáneo y los espacios de libertad que todavía es necesario conquistar.

 
6.0
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