Prime Video
Crítica de "Plumíferos, aventuras voladoras": la libertad y la identidad como motores del relato
Con dirección de Daniel De Felippo y Gustavo Giannini y asesoría artística de Juan José Campanella, la película argentina de animación articula una aventura para la infancia alrededor del encierro, la pertenencia y el deseo de ser otro. El uso de software libre forma parte de su propuesta, aunque su alcance depende de cómo cuenta la historia.
En Plumíferos, aventuras voladoras (2010), el deseo de escapar y la dificultad de aceptarse ponen en movimiento a los personajes. Feifi, una canaria con la voz de Luisana Lopilato, huye de la jaula en la que vive cautiva. Juan, un gorrión interpretado por Mariano Martínez, adquiere la apariencia de un ave exótica cuando una mancha de pintura altera su plumaje. Sus recorridos se cruzan en una aventura que encuentra en la libertad y la identidad los ejes para acercarse al público infantil.
La película organiza esos conflictos mediante las convenciones del cuento: protagonistas que persiguen un objetivo, obstáculos que demoran su cumplimiento, antagonistas y una historia de amor. A su alrededor aparecen Clarita, una murciélaga que rechaza la noche; Pipo, el colibrí, y Libia, la paloma. El grupo amplía el mundo del relato y permite que las diferencias entre los personajes funcionen como punto de encuentro.
La narración privilegia la claridad. Cada deseo puede reconocerse y cada conflicto se desarrolla sin exigir explicaciones que interrumpan la aventura. Esa elección facilita el vínculo con los espectadores más pequeños, aunque también reduce la incertidumbre: la oposición entre quienes ayudan y quienes amenazan conduce la historia por caminos que el público puede anticipar. Su eficacia descansa menos en la sorpresa que en el acompañamiento de los protagonistas.
Dentro de ese esquema, Plumíferos evita distribuir la bondad y la maldad según la especie. El millonario que quiere poseer un canario convierte su deseo en una forma de dominación; el veterinario, en cambio, interviene para salvar al gorrión de las consecuencias de la pintura. Los humanos pueden ejercer el encierro o brindar cuidado. La diferencia se establece a partir de sus acciones y de la relación que construyen con los animales.
Esta lógica encuentra un límite en el gato, cuya condición de depredador lo ubica como amenaza. Allí, el relato recurre a una convención de la animación que asocia el peligro con el instinto. La película combina, así, personajes definidos por sus decisiones con otros cuyo lugar parece determinado de antemano.
El elenco de voces incluye también a Carla Peterson, Mike Amigorena, Muriel Santa Ana, Diego Reinhold, Mario Pasik, Peto Menahem y Mirta Wons. Las canciones pop siguen una tradición extendida en el cine de animación y acompañan el desarrollo del relato. Su presencia sostiene el tono de la aventura sin desplazar los conflictos que la organizan.
Realizada mediante software libre, Plumíferos incorpora una dimensión de producción que merece consideración, pero que no reemplaza el análisis de su propuesta narrativa. La herramienta permite construir ese mundo; son los deseos, los vínculos y las dificultades de sus habitantes los que le dan sentido.
Su aporte al cine de animación argentino reside en articular una producción local con un relato que los niños pueden seguir y reconocer. Aunque se apoya en convenciones y resoluciones previsibles, encuentra en la experiencia del encierro y en la búsqueda de pertenencia una manera de hablar sobre la libertad sin convertir cada escena en una lección.