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Crítica de "Habi, la extranjera": La identidad como territorio en disputa

Tras una destacada carrera como cortometrajista María Florencia Álvarez debuta con el largo "Habi, la extranjera" (2013), una película que principalmente habla sobre la búsqueda de la identidad.

Crítica de "Habi, la extranjera": La identidad como territorio en disputa
viernes 03 de julio de 2026

Analía (Martina Juncadella) llega desde el interior a Buenos Aires con una serie de tareas por cumplir. Una de ellas consiste en contactar a una persona de la comunidad musulmana. Al llegar al lugar del encuentro descubre que se está realizando un velatorio bajo los rituales islámicos. Ese episodio despierta su curiosidad y la lleva a acercarse cada vez más a ese universo hasta intentar integrarse a él. Sin embargo, por más que adopte nuevas costumbres e incluso una nueva identidad, siempre ocupará el lugar de quien observa desde afuera.

En su ópera prima, María Florencia Álvarez utiliza el ingreso de una extraña a una comunidad desconocida para explorar cuestiones vinculadas con la identidad, la pertenencia y la necesidad de reinventarse. La película retoma una pregunta recurrente del cine argentino —la búsqueda de un lugar en el mundo—, aunque desplaza ese conflicto hacia una experiencia atravesada por el deseo de asumir otra identidad cultural.

Habi, el nombre que Analía adopta para acercarse a la comunidad musulmana, representa mucho más que un cambio de nombre. Expresa la voluntad de desprenderse de una vida con la que ya no se identifica y de ensayar otra forma de estar en el mundo. La construcción de esa nueva personalidad remite a un proceso de transformación similar al que suelen atravesar los adolescentes cuando buscan definirse mediante distintos grupos de pertenencia. En lugar de recurrir a tribus urbanas reconocibles, la protagonista elige una comunidad cuyas prácticas y códigos le resultan completamente ajenos, decisión que introduce nuevas tensiones sobre los límites entre integración, apropiación e identidad.

A partir de ese recorrido, la directora también observa la presencia de la comunidad musulmana en la Argentina. Sin convertir el relato en una explicación didáctica, la cámara acompaña el descubrimiento de Analía y registra costumbres, espacios y vínculos cotidianos desde la perspectiva de alguien que intenta comprender un universo desconocido. Esa mirada convierte la experiencia de la protagonista en el principal vehículo para aproximarse a una cultura que rara vez ocupa un lugar central en el cine argentino.

El trabajo de Martina Juncadella sostiene esa transformación gradual con un registro contenido, mientras que la puesta en escena construye una atmósfera de observación permanente, donde el silencio y los pequeños gestos adquieren un peso narrativo. De ese modo, Habi, la extranjera presenta a María Florencia Álvarez como una directora interesada en explorar los procesos de identidad a través de personajes en tránsito y espacios atravesados por la sensación de extrañamiento.

6.0
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