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Crítica de “El renacer albirrojo”: Muchachos paraguayos con el profeta Alfaro
La hazaña deportiva de la selección paraguaya de fútbol se entrecruza constantemente con las reacciones de la gente en las calles, capturando una emoción colectiva que se vive a flor de piel.
El renacer albirrojo (2026) dirigido por Armando Aquino y Alfredo Galeano narra la épica travesía de la selección paraguaya de fútbol desde la llegada del entrenador argentino Gustavo Alfaro en 2024 hasta la clasificación al Mundial 2026, lograda tras 16 años de ausencia en la máxima cita del fútbol.
El estilo elegido remite inevitablemente al film argentino Muchachos, la película de la gente (2023), la película narrada por Guillermo Francella que relataba la obtención del título mundial por parte de la selección argentina en Qatar 2022. El documental se propone recorrer un camino similar, mostrando cómo La Albirroja logró transformar el ánimo social de Paraguay y volver a conquistar el corazón de los aficionados.
En esa travesía resulta fundamental la figura de Alfaro, tanto dentro del campo de juego como en la mente y el corazón de sus dirigidos. El entrenador argentino supo comprender el espíritu del pueblo guaraní. Sus arengas apelan a la emoción y buscan movilizar a los jugadores desde sus raíces más profundas y, por extensión, contagiar a todo el pueblo paraguayo. Así, Alfaro aparece retratado como un padre, un guía y hasta un consejero espiritual. Los futbolistas se refieren a él como “el profesor”, destacando su capacidad discursiva para convencer, motivar e inspirar a sus dirigidos.
Desde Sudáfrica 2010, la selección paraguaya no volvía a disputar una Copa del Mundo. “Toda una generación”, señalan en el documental, que persigue la emoción en cada escena. Y la encuentra especialmente en las historias de vida: Claudio, un repositor que encuentra alegría en los triunfos; Valezka, una madre que equilibra estudio y deporte para su hijo Renato; Pichi, un realizador que documenta las emociones del vestuario; Ybes, una cocinera cuyo comedor es termómetro social; y Claudinha, una joven futbolista que rompe barreras; y tantos otros protagonistas anónimos que ayudan a construir el creciente entusiasmo popular alrededor del equipo. Un deporte que no resuelve los problemas cotidianos, pero que, como se afirma en la película, tiene la capacidad de transformar el estado de ánimo de las personas.
El Mundial ya comenzó. Paraguay sufrió una dura derrota en su debut ante Estados Unidos, pero reaccionó en el segundo encuentro y venció a Turquía a fuerza de coraje y temperamento. Ese mismo carácter que define al pueblo paraguayo y que se convirtió en una de las señas de identidad del equipo de Alfaro. El futuro es incierto. La pelota sigue en juego.