Salas

Crítica de “Lo que mata”: cuando la violencia se hereda

El tercer largometraje del guionista y director Alireza Khatami es una inquietante reflexión sobre la violencia estructural y la subjetividad masculina.

Crítica de “Lo que mata”: cuando la violencia se hereda
miércoles 17 de junio de 2026

Lo que mata (The Things You Kill, 2025) despliega una serie de situaciones y conflictos que operan simultáneamente en distintos niveles de lectura. A medida que avanza, el relato acumula tensiones latentes que parecen encaminarse inevitablemente hacia una explosión.

Ali (Ekin Koç) es un profesor universitario que atraviesa una profunda crisis personal. Su deseo de tener hijos junto a su esposa Hazar (Hazar Ergüçlü) se ve frustrado por un problema médico, una herida íntima que parece desplazarse hacia otra preocupación: el cuidado de su madre (Güliz Åžirinyan), una mujer físicamente deteriorada que apenas puede desplazarse por la casa con ayuda de un andador. Cuando ella muere en circunstancias sospechosas tras una caída, Ali dirige inmediatamente sus sospechas hacia su padre, Hamit (Ercan Kesal), un hombre marcado por un historial de violencia doméstica. Consumido por la ira, decide emprender una venganza contra él.

A simple vista, la película parece inscribirse dentro de una tradición narrativa reconocible: la historia de un hombre que busca castigar al responsable de una pérdida irreparable. Sin embargo, Khatami se aparta deliberadamente de ese esquema. Los elementos que rodean la trama principal no funcionan como desvíos ni subtramas accesorias; por el contrario, profundizan el núcleo conceptual de la obra. La película sostiene que la violencia patriarcal no sólo produce víctimas directas, sino que también deforma moral y psicológicamente a quienes la ejercen y a quienes crecen bajo su influencia.

Lo que observamos es el progresivo extravío de un hombre absorbido por el resentimiento. Incapaz de elaborar su dolor, Ali lo transforma en una fuerza destructiva que se expande sobre todo aquello que lo rodea. La búsqueda de justicia termina confundida con el deseo de castigo, y el sufrimiento se convierte en una reproducción mecánica de la misma violencia que pretende combatir. No hay reparación posible ni resolución moral; sólo la perpetuación de una lógica de daño que se transmite de generación en generación.

Para representar ese proceso de degradación subjetiva, Khatami recurre a diversos recursos formales. La puesta en escena encierra constantemente a los personajes dentro de puertas, ventanas y otros marcos visuales, reforzando la sensación de atrapamiento psicológico. Pero el procedimiento más significativo es la construcción del doble. Ali contrata a un peón para realizar tareas de jardinería en su casa de campo, un hombre que poco a poco se convierte en cómplice de sus impulsos más oscuros y, eventualmente, en una suerte de sustituto. Esta figura funciona como una proyección material de sus deseos reprimidos, un alter ego que exterioriza aquello que el protagonista ya no puede controlar. A través de esta duplicación, la película sugiere una fractura de la identidad y una creciente desconexión con la realidad.

Lo que mata es una exploración perturbadora de las heridas heredadas, de las masculinidades moldeadas por la violencia y de la imposibilidad de escapar por completo de aquello que se ha aprendido a odiar. Su verdadera inquietud no reside en los actos violentos que muestra, sino en la manera en que revela cómo el mal puede reproducirse silenciosamente en quienes intentan combatirlo.

8.0
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