Festival de Cannes 2026
Crítica de "Viva": Aina Clotet y un drama sobre el cuerpo, el deseo y el miedo a morir
Presentada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, "Viva" marca el debut de Aina Clotet en la dirección con un drama que cruza enfermedad, deseo y miedo a la muerte. A partir de la historia de una mujer atravesada por la incertidumbre física y emocional, la película construye un recorrido íntimo sobre el cuerpo, el tiempo y las decisiones que aparecen cuando la fragilidad se vuelve parte de la vida cotidiana.
La actriz española Aina Clotet da el salto a la dirección sin abandonar su lugar frente a cámara con Viva (2026), un drama presentado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, donde además recibió el premio a la mejor interpretación femenina. La película aborda una experiencia atravesada por la enfermedad, el deseo y la urgencia de vivir cuando la muerte deja de ser una idea abstracta y se instala como una presencia cotidiana.
Clotet interpreta a Nora, una mujer de 40 años que atravesó un cáncer de mama que derivó en la extirpación total de uno de sus senos. Cuando aparece un nuevo quiste y la posibilidad del regreso de la enfermedad vuelve a instalarse, Nora decide postergar los estudios médicos. En lugar de enfrentar el diagnóstico, se lanza hacia una búsqueda desesperada de experiencias, vínculos y emociones, como si el tiempo comenzara a agotarse.
La protagonista trabaja en un centro de investigación sobre envejecimiento celular. Dedica sus días a estudiar cómo prolongar la vida mientras ella misma convive con la fragilidad del cuerpo. La contradicción funciona como una de las capas más interesantes del relato. A su alrededor también hay un entorno en transformación: una España cercana marcada por la escasez de agua, restricciones y señales de crisis climática. La película establece un diálogo entre el deterioro físico y el desgaste ambiental sin convertirlo en una metáfora evidente.
En ese escenario reaparece Max (Marc Soler), el primo de una amiga de la infancia que irrumpe en la vida de Nora con insistencia y termina convirtiéndose en una vía de escape. La relación rompe el equilibrio que sostenía junto a Tom (Naby Dakhli), su pareja estable. Sobre esa estructura, Viva construye un triángulo afectivo que enfrenta estabilidad y vértigo, rutina y deseo, control e impulso.
Lo que podría haberse limitado a una construcción convencional encuentra espesor en la forma en que Clotet retrata las contradicciones de su personaje. Nora no responde al modelo de transformación personal ni al recorrido de redención. Toma decisiones erráticas, hiere vínculos, actúa desde el miedo y también desde el deseo. La película evita convertirla en símbolo o ejemplo. La muestra atravesando una crisis sin ofrecer respuestas cerradas.
Como actriz, Clotet sostiene gran parte del peso dramático con una interpretación que evita tanto la victimización como la construcción heroica. Detrás de cámara, su debut muestra control narrativo y una puesta que acompaña el estado emocional de la protagonista sin caer en subrayados. Incluso cuando la historia avanza hacia lugares previsibles, el interés permanece en la observación de los comportamientos y no en la sorpresa argumental.
Uno de los aspectos más interesantes de Viva aparece en su decisión de evitar discursos explicativos. No convierte la autonomía femenina en consigna ni construye una narrativa ejemplificadora. Lo político aparece desde otro lugar: en mostrar a una mujer atravesada por contradicciones, impulsos y zonas incómodas sin necesidad de justificar cada movimiento.
La película presenta algunas limitaciones. El diseño del triángulo amoroso resulta demasiado reconocible y la oposición entre los dos modelos masculinos no siempre escapa a ciertos lugares habituales. Tampoco apuesta por giros que modifiquen el recorrido dramático. Lo que la historia anuncia desde el comienzo termina desarrollándose de manera relativamente lineal.
Sin embargo, Viva encuentra su identidad en otro territorio. Más que construir una película sobre la enfermedad, Aina Clotet propone una exploración sobre aquello que ocurre cuando el cuerpo deja de responder como antes y el tiempo adquiere otra dimensión. Un debut como directora que encuentra fuerza no en las respuestas que ofrece, sino en las preguntas que deja abiertas.