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Crítica de "Buenos vecinos": ¿El pasto es más verde del otro lado de la cerca?

Una fraternidad universitaria se instala al lado de una pareja de padres primerizos y convierte la convivencia en una batalla entre la nostalgia de la juventud y las responsabilidades de la adultez. "Buenos vecinos", de Nicholas Stoller, utiliza el humor y el choque generacional para construir una comedia sobre los cambios de etapa, las crisis de identidad y la dificultad de dejar atrás ciertas formas de habitar el pasado.

Crítica de "Buenos vecinos": ¿El pasto es más verde del otro lado de la cerca?
miércoles 20 de mayo de 2026

Nicholas Stoller (The Five-Year Engagement, 2012) vuelve a explorar el territorio de los adultos jóvenes atravesados por etapas de transición con Buenos vecinos (Neighbors, 2014), una comedia que encuentra en el choque entre dos formas de habitar una misma edad su principal motor narrativo. Mac y Kelly Radner (Seth Rogen y Rose Byrne) atraviesan la experiencia de la crianza reciente mientras intentan sostener una vida que todavía conserva rastros de juventud. Ese delicado equilibrio se altera cuando la fraternidad Delta Psi Beta, integrada por estudiantes universitarios, se instala en la casa contigua y convierte la convivencia en una disputa de estilos de vida.

Aunque por momentos el humor bordea lo escatológico —siempre dentro de los márgenes del cine comercial estadounidense— y aparecen referencias constantes a drogas recreativas, cuerpos expuestos y excesos festivos, Stoller distribuye esos elementos con cierta precisión narrativa. Los chistes funcionan menos como golpes aislados y más como herramientas para empujar la historia hacia adelante. Cada fiesta, cada enfrentamiento entre vecinos y cada exceso encuentra una función dentro del desarrollo de los personajes.

El primer tramo del relato responde a una estructura conocida: padres recientes de clase media contra jóvenes universitarios entregados al descontrol. Sin embargo, la dinámica encuentra mayor espesor cuando la película abandona el enfrentamiento mecánico y empieza a explorar las contradicciones de ambos mundos. La juventud aparece atravesada por la incertidumbre ante el futuro y la adultez como un territorio al que cuesta ingresar del todo. Mac no deja de funcionar como una extensión de varios personajes interpretados anteriormente por Seth Rogen: hombres detenidos en una adolescencia prolongada que intentan adaptarse a responsabilidades nuevas sin abandonar viejos hábitos.

Zac Efron encuentra uno de sus registros más eficaces como Teddy Sanders, líder de la fraternidad y figura construida sobre una tensión permanente entre carisma, inseguridad y resistencia al cambio. Sus escenas junto a Rogen contienen algunos de los mejores momentos de la película porque ambos trabajan desde lugares opuestos pero complementarios. Rose Byrne también se mueve con soltura dentro del tono de la propuesta y evita quedar reducida al papel secundario de acompañamiento.

Lo más interesante aparece cuando Buenos vecinos deja de ser una guerra de vecinos para convertirse en una reflexión sobre el paso del tiempo. Stoller introduce preguntas alrededor de la madurez, los vínculos, la nostalgia por una etapa que termina y la dificultad de aceptar nuevas formas de construir identidad. Debajo del ruido de las fiestas, los vasos vacíos y la competencia absurda entre adultos y universitarios, aparece una idea más incómoda: crecer no siempre implica estar preparado para hacerlo.

7.0
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