Teatro Picadero - Domingos 22 horas
Crítica de “Peperino Pomoro: La Apocalipsis Existe”: Fabio Alberti se ríe de todo el imaginario religioso
El espectáculo puede verse todos los domingos a las 22.00 horas en el Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857, CABA),
La producción está a cargo de Giuliano Bacchi y marca el regreso, ahora en formato teatral, de uno de los personajes más icónicos de la televisión argentina. Una relectura escénica que potencia el universo de Peperino Pomoro y lo expande hacia nuevas formas de interacción con el público.
Fabio Alberti convirtió a Peperino Pomoro en una verdadera figura de culto, un mártir delirante que parodia con eficacia los códigos de la fe y sus rituales. Ese absurdo universo, que supo consolidarse en la pantalla chica, se proyecta aquí en un espectáculo que combina sketches, materiales audiovisuales y una serie de intervenciones que refuerzan su identidad caótica. Entre ellas, se destacan videos con anuncios extravagantes —como la ya desopilante “feria de religiones”— que funcionan como pequeñas cápsulas de humor dentro del relato general.
Además, la obra se permite ir más allá del gag inmediato y propone una suerte de “mitología” del propio personaje: se narra la creación de Peperino Pomoro y su mito originario, en el que interviene un ángel muy particular, tan absurdo como revelador del tono de la propuesta. A esto se suma la presencia de Beto Tony y su muñeco —este último atravesando una crisis existencial que suma una capa inesperada de humor—, que aportan otro registro dentro del espectáculo.
Habrá también separadores en forma de misa sagrada, con bautismo incluido, que funcionan como parodias directas de la liturgia religiosa. Estos momentos ordenan el ritmo del show, generando pausas que, lejos de calmar, preparan el terreno para nuevas irrupciones humorísticas. Y, por supuesto, el clímax de la obra es el apocalipsis en cuestión, una instancia que condensa todo el delirio previo en una resolución tan exagerada como coherente con el universo planteado.
La clave, como siempre en Alberti, está en el juego de palabras y en la mezcla irreverente de vocablos bíblicos con referencias de la cultura popular. Ese cruce produce un humor que oscila entre lo simple y lo incisivo: por momentos deliberadamente vulgar, por otros sorprendentemente ingenioso, pero siempre sostenido en un ritmo sin pausa que evita cualquier caída.
El espectáculo convoca a los “congregoridianos” a sumergirse en una experiencia teatral que propone, ante todo, la risa como vía de escape para “olvidarse de la rutina”. Durante poco más de una hora, el público es invitado a entrar en una lógica absurda donde la solemnidad se vuelve materia de burla y la risa, casi, un acto de fe.