Festival de Cine Francés

Crítica de “Los colores del tiempo”, película de apertura del Festival de Cine Francés

El largometraje nos propone un pintoresco viaje que oscila entre la actualidad y la Francia de fines del siglo XIX.

Crítica de “Los colores del tiempo”, película de apertura del Festival de Cine Francés
viernes 10 de abril de 2026

Los colores del tiempo (La Venue de l'avenir, 2025) dirigida por Cédric Klapisch, quien escribió el guión junto a Santiago Amigorena, tuvo su estreno mundial en el en el 78º Festival de Cine de Cannes en mayo de 2025. El filme narra el encuentro entre unos parientes -hasta entonces desconocidos- que son reunidos ante la herencia de una antigua casona rural en Normandía. Cuatro de ellos son seleccionados para viajar a la propiedad, donde se encontrarán con objetos de un antepasado misterioso, ligado a la esplendorosa París de fines del siglo XIX.  

En consecuencia, el largometraje presenta un atractivo híbrido entre una película de época y una película actual, mediante un relato lleno de vaivenes temporales que alterna entre ambos espacios temporales, que a su vez se conectarán entre sí. Por un lado, el tiempo presente que tiene como protagonistas a Seb, Abdel, Céline y Guy -los cuatro parientes encargados de hacer el inventario dentro de la propiedad y la casa abandonada- pero sobre todo de la vida del joven Seb (Abraham Wapler) con quien inicia y clausura el relato. Por otro lado, el relato de época, las aventuras de su antepasado Adèle, quien vivió en esa casa en Normandía y en sus días de juventud emprendió un valiente viaje a París a comienzos de 1900. 

En cierto modo, esta comedia dramática también posee elementos del género cinematográfico llamado coming of age, puesto que hay cierto paralelismo entre la vida de Adèle -su búsqueda identitaria, el haber sido criada por su abuela y sus romances- con el presente de Seb, quien también fue criado por su abuelo y al igual que ella, se encuentra entre dos romances. Ambos protagonistas a través de un viaje, logran auto descubrirse, transformarse y afianzarse en la vida y aprender a “apreciar lo que la vida te da, aprende de tus errores, es mejor arrepentirse de lo que uno hizo…”

Los colores del tiempo propone un juego constante entre lo onírico, el pasado y el presente, donde los espacios se funden. Aunque cambian algunos aspectos a lo largo del tiempo, las almas parecen conectarse a través del mismo y en cierto modo la historia se repite, evidenciando cierta circularidad temporal o de la humanidad. En un pasado histórico atravesado por la modernización cultural mediante un gran auge de creatividad, el impresionismo y la invención de la fotografía, la tradición pictórica se hace presente en el relato, no sólo temáticamente, sino también en la composición de los encuadres. 

Salvando las distancias el filme posee un espíritu cercano a los largometrajes de Éric Rohmer: su naturalismo, la profunda psicología de sus personajes, los dilemas amorosos, y estéticamente su obra se encuentra muy vinculada a la pintura, especialmente en películas como La dama y el duque (L'Anglaise et le duc, 2001), La marquesa de O (Die Marquise Von O, 1976), Las noches de la luna llena (Les Nuits de la PleineLune, 1984), Las citas de París (Les Rendezvous de Paris, 1995), por citar algunos ejemplos. 

Asimismo, el relato cuenta con las apariciones de algunos personajes vinculados a personalidades existentes como Claude Monet, Gaspard-Félix Tournachon (Nadar) y Louis Leroy. Curiosamente se menciona a la célebre actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), cuya biopic La divina Sarah Bernhardt (Sarah Bernhardt, la divine, 2024) también forma parte de la programación del festival. Las locaciones del filme, incluyen la colorida casa y los magníficos jardines de Claude Monet en Giverny, y varios lugares en París, Normandía y Le Havre. 

En conclusión, Los colores del tiempo, mediante un choque de épocas y un final muy emotivo, logrará transformar a los personajes del presente a través de su conexión con el pasado, algo así como “saber de dónde venimos, para saber hacia dónde vamos”. A partir de allí, Seb y Céline (Julia Piaton) aprenderán que es importante “tomarse tiempo para vivir”. Mientras que en el pasado las rupturas y los cambios culturales están vinculados a la modernización, en el presente de Seb las transformaciones se darán por una vuelta al origen o a lo esencial, con el fin en ambos tiempos de reinventar tanto el amor como la vida en sí misma.

8.0
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