Crítica de "El futuro": Qué vas a ser cuando seas grande
La chilena Alicia Scherson combina en "El futuro" (2013) elementos del cine de autor con una estética que remite al cine italiano de los años 70, para poner en escena una historia cargada de hondo dramatismo social pero con un punto de vista diferente en cuanto a su construcción.
Dos adolescentes chilenos exiliados en Italia quedan huérfanos tras la muerte de sus padres en un accidente. Desde entonces intentan arreglárselas como pueden, hasta que la aparición de dos jóvenes deportistas, que se instalan en la casa que habitan, los involucra en una trama atravesada por delitos y prostitución.
Basada en Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño, El futuro, de Alicia Scherson, construye un mundo que oscila entre la oscuridad del relato y la luminosidad que aportan sus dos personajes centrales, interpretados por Manuela Martelli y Luigi Ciardo. La directora traslada a la pantalla la atmósfera claustrofóbica de la novela, pero también introduce una zona de frescura a partir de la ingenuidad que todavía persiste en sus protagonistas. Aunque participan de actos moralmente cuestionables, la película evita convertirlos en objetos de condena.
El futuro tiene rasgos de cine de autor, pero no responde a ese modelo de tiempos morosos y contemplación apacible. Por el contrario, Scherson se nutre de elementos del cine italiano de los años setenta, visibles tanto en la forma de narrar como en ciertos recursos estéticos: el uso del color virado al sepia, la presencia de secuencias que remiten a ese período y la incorporación de personajes ligados a ese imaginario.
Scherson consigue una película de climas y atmósferas, donde la oscuridad de la historia convive con destellos de luminosidad. En ese cruce entre desamparo, deseo y supervivencia, El futuro encuentra una marca propia.