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Crítica de “Sisu 2: Camino a la venganza”: El regreso de la fantasía violenta
El finlandés más rudo vuelve de la guerra, pero sus problemas, lejos de haber terminado, recién comienzan.
Sisu 2: Camino a la venganza (Sisu: Road to Revenge, 2025) contextualiza su historia con un breve preámbulo: tras la Segunda Guerra Mundial, Finlandia se vio obligada a ceder territorio a la Unión Soviética, lo que dejó a miles de civiles sin hogar, entre ellos su protagonista.
Aatami Korpi (Jorma Tommila) viaja en su camión hacia el lugar donde alguna vez fue feliz junto a su esposa y su hijo, hoy fallecidos, en territorio soviético. Sin embargo, en el camino de regreso —a 120 kilómetros de la frontera finlandesa— es perseguido por un viejo enemigo (Stephen Lang), decidido a eliminarlo de una vez por todas.
A partir de allí, la película se transforma en una suerte de Mad Max a la finlandesa: una persecución feroz a toda velocidad, con el protagonista despachando uno a uno a quienes intentan detenerlo. Un derroche de acción en el que la fantasía violenta se convierte en un deleite tan brutal como exquisito.
Sisu 2: Camino a la venganza puede pensarse, en principio, como una relectura de la primera entrega, aunque con los rusos ahora ocupando el rol de villanos. Y en parte lo es, pero con un mayor presupuesto y un despliegue escénico más ambicioso. La premisa se mantiene intacta: exaltar el espíritu finlandés inquebrantable a través de una fábula ultraviolenta propia del cine de acción de explotación, enriquecida aquí por un humor autoconsciente y lúdico.
Prescindiendo casi por completo del diálogo, esta secuela escrita y dirigida también por Jalmari Helander quizás pierda el factor sorpresa de la película original de 2022, pero conserva intacto el estilo explosivo que la convirtió en una experiencia tan singular.