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Crítica de “La noche del espantapájaros”: Un asesino sin cerebro

El director y guionista Jeremy Rudd, reconocido en el mundo del terror independiente, expande su proyecto de 50 minutos de 2022 en este largometraje.

Crítica de “La noche del espantapájaros”: Un asesino sin cerebro
martes 30 de diciembre de 2025

Desde hace un tiempo, el cine de terror ha encontrado una veta comercial curiosa: tomar figuras icónicas de la cultura popular infantil y convertirlas en despiadados asesinos seriales. Esta tendencia de "terror por nostalgia retorcida" ya ha pasado por las garras de Mickey Mouse, Winnie Pooh, Popeye e incluso la Sirenita. Ahora, bajo la misma premisa, le llega el turno al legendario guardián de los cultivos en una propuesta que busca capitalizar el reconocimiento de marca sobre la creatividad narrativa.

La noche del espantapájaros (Die’ced: Reloaded, 2025) reinventa al entrañable personaje de El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939). Aquel ser que recorría el camino de baldosas amarillas junto a Dorothy anhelando un cerebro, aquí se manifiesta como una entidad sedienta de sangre. El problema fundamental de esta producción —compartido con sus predecesoras de género— es que, una vez superado el morbo de ver a un ícono de la infancia envuelto en un slasher sanguinario, no queda nada. No hay una sola idea original que sustente el film, sólo estamos ante un asesino genérico que desmembra víctimas con saña sin aportar una identidad cinematográfica propia.

La historia nos presenta a Benjamin “Benny” Newman (Jason Brooks), un psicópata que ha pasado las últimas décadas en un hospital psiquiátrico. Aprovechando el caos y la distracción de la noche de Halloween, el maníaco logra escapar de su encierro como alguna vez hizo Michael Meyers. Ambientada en la Seattle de los años 80, este asesino oculto tras una grotesca máscara de espantapájaros, desata una carnicería sin precedentes en las distintas celebraciones juveniles. Pero Benny no mata por simple azar, su mirada está puesta en Cassandra (Eden Campbell), una joven cuyo pasado oculta una conexión turbia y personal con el verdugo. 

Para los devotos del gore, la película ofrece un catálogo generoso de vísceras: estómagos desgarrados, cráneos que estallan como frutas maduras y chorros de sangre artificial por doquier. Sin embargo, las secuencias del realizador Jeremy Rudd nunca alcanzan la maestría técnica, la gracia macabra ni la elocuencia visual de una saga como Terrifier. Para que una versión slasher de un personaje tan querido destaque por encima del montón de productos de bajo presupuesto, hace falta algo más que un impacto visual barato.

En definitiva, La noche del espantapájaros es una recopilación de todos los clichés imaginables del género. Solo queda esperar que, cuando aparezcan las versiones de terror del Hombre de Hojalata o el León Cobarde —quizás armados con motosierras—, los guionistas demuestren un poco más de ingenio que el que muestra este villano sin cerebro.

4.0
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