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Crítica de “Jay Kelly”: George Clooney y el ocaso de una estrella de Hollywood
George Clooney y Adam Sandler protagonizan una historia peculiar sobre una estrella de Hollywood en el ocaso de su carrera y su fiel representante.
Jay Kelly (2025) es dirigida y escrita por Noah Baumbach (Frances Ha, Historia de un matrimonio, Los Meyerowitz), el cineasta independiente cuya obra ha sido comparada a menudo con el estilo de Woody Allen. En esta ocasión, Baumbach nos ofrece su visión sobre una gran estrella en el declive de su vida pública y personal.
George Clooney da vida a Jay Kelly, una figura de Hollywood con el carisma y el magnetismo de leyendas de antaño como Cary Grant o Clark Gable (quienes son, de hecho, mencionados en el film). A pesar de su enorme atractivo para los fans, su vida personal es bastante solitaria. Cuando su hija menor se prepara para irse a la universidad y emprende un viaje con sus amigos por Europa, Kelly se siente solo, rodeado únicamente por su equipo de trabajo, con su representante (Adam Sandler) a la cabeza. Movido por esta soledad, decide seguir a su hija al Viejo Continente, donde recibirá un homenaje, y de paso, compartir un último momento juntos.
Este viaje por Europa, con todo su equipo a cuestas, establece el tono de la película como una comedia dramática en la que los protagonistas se ven expuestos tanto a situaciones absurdas como al drama de confrontar sus recuerdos, llenos de nostalgia y melancolía. En este viaje al pasado, Jay Kelly se convierte en un testigo ocular de su propia memoria, al estilo de Bill Murray en Los fantasmas contraatacan (Scrooged, 1988). Es un hombre que revive momentos cruciales: cuando le arrebató el papel de su vida a su mejor amigo y compañero de teatro, cuando conoció al director que le dio su primera oportunidad, y cuando sus propias hijas se dieron cuenta de que él estaba más interesado en su egocentrismo que en cuidarlas.
Este es un viaje de aprendizaje para el protagonista, un hombre que perdió el contacto con sus seres queridos casi sin darse cuenta. Sus caprichos son constantes y son concedidos con condescendencia por su leal equipo. En esta dinámica laboral, Noah Baumbach construye de a poco el vínculo entre Clooney y Sandler: una relación de contrastes. Uno tiene de todo a nivel material menos afecto verdadero, y el otro sacrifica constantemente su vida familiar para satisfacer a su fuente de ingresos. Sin embargo, como en la película argentina Cama Adentro (2004) con Norma Aleandro, detrás del vínculo laboral existe una relación sentimental profunda, forjada a través de años de ser compañeros y cómplices.
Jay Kelly funciona gracias al carisma de sus protagonistas y al tono metacinematográfico que maneja, planteando reflexiones sobre la realidad frente a la pantalla. La pregunta central flota en el aire: ¿Ser querido en las películas es sinónimo de ser amado en la realidad? Lamentablemente, la película luego se dilata en múltiples subtramas (como las relacionadas con su hija mayor y con el padre) que, si bien refuerzan la historia central, se extienden en demasía, haciendo que el film pierda su eje central y la conexión con el vínculo estrella-representante.
Sin ser perfecta, la película logra un retrato conmovedor y divertido sobre la necesidad universal de ser visto y amado más allá del brillo de las marquesinas.