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Crítica de "Promesas del Este": El cuerpo marcado
Cuando una película aparte de una buena historia, tiene varios niveles de lectura, podemos decir que estamos ante un gran film. Es el caso de "Promesas del Este", de lo mejor que nos dejó el 2008, con grandes actuaciones de Vigo Mortensen (nominado al Oscar por este papel), Naomi Watts y Vincent Cassel.
Una joven embarazada muere en un hospital y deja una beba recién nacida junto a un diario íntimo que involucra a la mafia rusa. La enfermera Ana (Naomi Watts) decide traducirlo para encontrar familiares que puedan hacerse cargo de la niña, sin advertir que esa organización criminal ya la está vigilando. El único capaz de ayudarla será el chofer de la “familia”, interpretado por Viggo Mortensen.
En la mafia rusa los tatuajes funcionan como marcas de jerarquía, verdaderas condecoraciones inscritas en la piel. En la obra de David Cronenberg este detalle resulta central: el cuerpo expresa aquello que la palabra no dice. Por eso Promesas del Este se articula desde lo corporal. Cada momento clave de la historia se traduce en una incisión, una herida, una marca que condensa decisiones y destinos. La película se abre con un peluquero que “inicia” a su hijo en el delito y lo induce a cometer un asesinato. La cámara se detiene en la navaja que abre la carne. Después, una joven embarazada se desangra en una farmacia; muere en el hospital, pero su hija sobrevive. La vemos en primer plano dentro de la incubadora, cubierta de sangre, respirando.
Más adelante, observamos las agujas que tatúan el cuerpo de Nikolai. Esas imágenes narran su pasado y anticipan el futuro impuesto por quienes las leen. La violencia no aparece como espectáculo, sino como tragedia que produce dolor tangible. Lo mismo ocurre con la escena sexual entre Nikolai y una prostituta, o con la célebre pelea a navajazos en el baño de sauna, donde la desnudez del personaje expone los tatuajes que motivan el ataque.
Promesas del Este (Eastern Promises, 2007) también puede pensarse desde los vínculos: la estructura familiar mafiosa, la relación entre Nikolai y Kirill, el vínculo del peluquero con su hijo, el lazo de Ana con la beba. Cada relación implica decisiones que dejan huellas. Las navajas que cortan la piel materializan esa idea. De allí que Promesas del Este tome distancia del cine de gánster tradicional y se concentre en los cuerpos, sus rastros y consecuencias.
Nikolai asume entonces el rol de guardián de Ana y de la niña. Deja sus pecados impresos en la piel, en el territorio carnal del crimen organizado, mientras intenta preservar algo parecido a un alma en medio de la oscuridad de la mafia rusa.