"Tango satánico" y "Melancolía de la resistencia" editadas por Acantilado

László Krasznahorkai, el Premio Nobel y su vínculo con el cine

El Premio Nobel a László Krasznahorkai impulsa nuevas lecturas de "Tango satánico" y "Melancolía de la resistencia", publicadas por Acantilado y ligadas al cine de Béla Tarr.

László Krasznahorkai, el Premio Nobel y su vínculo con el cine
domingo 23 de noviembre de 2025

El día del anuncio, la Academia Sueca no habló solo de un escritor. Recordó una tradición literaria que atraviesa Hungría, Europa Central y décadas de transformaciones políticas. En ese mapa apareció László Krasznahorkai, autor de 71 años, con una obra que circulaba entre lectores fieles, cineastas, universidades y librerías independientes.

El Nobel funcionó como señal pública: es momento de volver a sus libros, rastrear su recorrido y revisar cómo narró comunidades en transición, economías deterioradas, promesas de cambio y organizaciones sociales que intentan sostenerse.

Cuando muchos lectores latinoamericanos escucharon su nombre por primera vez, ya estaba en los catálogos de Acantilado, editorial catalana que apostó por traducirlo antes de cualquier consagración. Allí conviven ediciones cuidadas, cronologías editoriales y un trabajo sostenido con traductores especializados.

En esa colección se encuentran dos puntos de partida posibles: Tango satánico y Melancolía de la resistencia. No son solo novelas; funcionan como brújulas para entender el resto de su obra.

Tango satánico: esperar a alguien que tal vez no llegue

En 1985, Krasznahorkai publica una historia situada en un pueblo rural húngaro. Los habitantes viven entre campos, lluvia y cierta idea de abandono. Un rumor corta la rutina: Irimiás, desaparecido hace años, estaría regresando. Nadie sabe si la noticia es real, pero alcanza para reactivar conversaciones, planes, miedos y alianzas.

La novela no se apoya en el suceso, sino en la espera. Cada capítulo observa cómo una comunidad reorganiza su vida en función de lo que escucha, imagina o necesita creer. Allí aparece una forma de narrar: movimientos lentos, registros sensoriales, escenas extensas, voces que se contagian entre sí.

Esa misma estructura llamó la atención de Béla Tarr, quien filmó Sátántangó (1994) en una obra de siete horas, convertida hoy en referencia cinematográfica. Tarr no adapta: acompaña el ritmo del libro, su respiración, sus desplazamientos y su manera de mirar.

El cine confirma algo que la crítica ya había detectado: las novelas de Krasznahorkai contienen imágenes antes de existir como imágenes.

Melancolía de la resistencia: ordenar lo que parece desordenado

A fines de los 80, el autor cambia de escenario. La historia se traslada a una ciudad donde la organización cotidiana intenta sostenerse frente a fuerzas que nadie alcanza a comprender. Un acontecimiento externo irrumpe y un movimiento colectivo intenta procesarlo.

Más que narrar la caída, el libro registra cómo reaccionan instituciones, vecinos, autoridades locales, comerciantes, espectadores y quienes prefieren no involucrarse. La tensión no proviene del caos, sino de la búsqueda de orden.

Béla Tarr volvió a encontrarse con Krasznahorkai en Werckmeister Harmonies (2000), donde la ciudad se convierte en territorio visual. Lo que en la novela se presenta como pensamiento, en la película se despliega como desplazamiento urbano, cuerpos en marcha, miradas cruzadas y espacios que parecen contener una historia previa.

Ese ida y vuelta entre literatura y cine volvió inseparable la obra de ambos.

El premio no llega para descubrir un autor, sino para reconocer una conversación cultural activa desde hace décadas. Las novelas dialogaron con políticas europeas, transformaciones económicas, debates sobre colectividad, migraciones internas y discursos públicos sobre futuro.

El Nobel ofrece otra consecuencia: nuevos lectores irán a librerías buscando por dónde empezar. Acantilado ya tiene la respuesta.

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