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Crítica de “Anora”: Un genial y descarnado retrato de los márgenes de Sean Baker
La película de Sean Baker explora la relación entre una bailarina de lapdance y un joven ruso multimillonario, en un relato donde la pasión, los excesos y el sueño americano se cruzan con la cruda realidad.
Con Anora (2024), Sean Baker, cineasta conocido por explorar historias marginales, vuelve a capturar la atención del público y la crítica en un drama que fusiona pasión, comedia y tragedia. Ambientada en los rincones menos glamurosos de Coney Island y Las Vegas, la película se convierte en una montaña rusa emocional que no deja indiferente a nadie.
Anora, interpretada magistralmente por Mikey Madison, es una joven de 23 años que combina vulnerabilidad y fortaleza en partes iguales. Trabaja como bailarina de lapdance en un club de Brighton Beach, zona marcada por la migración uzbeka, de donde también proviene. Su vida da un giro cuando conoce a Ivan (Mark Eydelshteyn), un joven ruso, alocado y heredero de una fortuna multimillonaria. Lo que comienza como una relación laboral pronto se convierte en una caótica historia de amor, excesos y sueños compartidos.
El relato alcanza su clímax en las vulgares y vibrantes calles de Las Vegas, donde Anora e Ivan celebran un matrimonio impulsivo, cargado de simbolismo y autoengaño. Estas escenas, cargadas de luces y emociones a flor de piel, remiten a clásicos cinematográficos como Pretty Woman o incluso Cantando bajo la lluvia, aunque con un toque de cruda realidad que solo Baker puede imprimir.
Mark Eydelshteyn construye a Ivan como un personaje inmaduro y escapista, cuya fragilidad emocional termina siendo su perdición. Por otro lado, Mikey Madison brilla en su interpretación de Anora, mostrando una evolución constante que la lleva a enfrentar los conflictos con determinación y astucia.
Con una filmografía que incluye títulos como The Florida Project y Tangerine, Sean Baker reafirma su habilidad para retratar lo marginal con humanidad y empatía. "Anora" no solo es su trabajo más completo hasta ahora, sino también el que mejor equilibra el drama con momentos de humor y ternura.
La película concluye con imágenes que perdurarán en la memoria: la pareja corriendo bajo las luces de Las Vegas, presumiendo su certificado de matrimonio, como si fuera un talismán que podría protegerlos de la realidad. Esa escena, entre mágica y desoladora, encapsula la esencia de Anora: un cuento de hadas contemporáneo que bordea la sordidez y nos invita a reflexionar sobre los costos del sueño americano.