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Crítica de “Un pastel para dos”: Una mujer entre el deseo y la censura
La película iraní, presentada en Berlín, narra una historia de amor en la tercera edad en un contexto de censura y represión.
Un pastel para dos (Keyke mahboobe man, 2025) cuenta la historia de una mujer viuda que decide comenzar una relación con otro hombre en un Irán marcado por la censura. A su vez, sus directores, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha (que antes dirigieron la aclamada El perdón en 2021), fueron detenidos por el régimen después del estreno de la película.
La historia comienza con Mahin (Lili Farhadpour), una mujer solitaria y cansada de su rutina, que reflexiona sobre una vida de censura y represión de sus deseos. Decidida a cambiar su situación, conoce en un bar a Faramarz (Esmaeel Mehrabi), un solitario taxista, a quien invita a su casa, donde comienzan una entrañable velada.
A lo largo de la película, se abordan las historias personales de cada uno marcadas por la censura y la depresión. Los problemas con "la policía de la moral", que controla a los ciudadanos y se ensaña principalmente con las mujeres, emergen en varios momentos. La larga conversación nocturna oscila entre la comedia y el drama, pasando por momentos de una ternura entrañable.
Un pastel para dos nos sitúa del lado de los personajes, sumergiéndonos en las dificultades de un régimen represor que coarta las libertades individuales. Esto se vuelve evidente en cada situación o comentario que surge en la mesa o en el sillón de los protagonistas. El contexto externo, invisible pero constante, influye en el mundo privado de los personajes que vemos en pantalla.
La reflexión profunda sobre la vida, los deseos y las frustraciones de la pareja le otorgan un aire de segunda oportunidad, especialmente en una etapa avanzada de sus vidas. Este anhelo de libertad personal se percibe como un acto de rebeldía constante para el régimen que gobierna Irán. Los personajes se permiten beber alcohol, mantener una relación a escondidas y, sobre todo, disfrutar del amor en la tercera edad.
De hecho, al final de la película, hay un giro inesperado en la trama que podría parecer excesivo en relación con el tono melancólico y esperanzador que predominaba hasta ese momento. Sin embargo, si interpretamos este cambio repentino simbólicamente, la crítica al sistema de gobierno iraní se vuelve aún más dura y efectiva.