La actriz habla de la película de acción global que llega a Prime Video

Viola Davis presidenta del mundo: acción, poder y política en "G20"

La actriz y productora Viola Davis y la directora Patricia Riggen reflexionan sobre el proceso creativo de "G20," el thriller de acción política que estrena en Prime Video.

Viola Davis presidenta del mundo: acción, poder y política en "G20"
martes 08 de abril de 2025

Con un timing que difícilmente pueda leerse como casual, G20 (2025) llega al streaming global mientras el mundo real atraviesa tensiones geopolíticas, conflictos armados y una sobreabundancia de narrativas de crisis. En ese contexto, Viola Davis como presidenta de los Estados Unidos, atrapada en una cumbre internacional tomada por terroristas, se impone como una figura tan improbable como emblemática.

La película, dirigida por Patricia Riggen, sitúa su trama durante una reunión del G20 que es interrumpida por una célula de mercenarios tecnológicamente sofisticados. Allí, Danielle Sutton, exmilitar devenida jefa de Estado, deberá defender a los líderes del mundo —y a su propia familia— en un despliegue que combina combate cuerpo a cuerpo, helicópteros reales y manipulación digital masiva.

“Siempre quise hacer una película de acción”, admite Davis. “Me imaginaba como Sigourney Weaver en Alien, o Angelina Jolie en Salt. Cuando escuché la idea, fue muy emocionante”.
 
La elección de Riggen no fue casual. Davis buscaba una mirada firme, pero también afín: “Lo que me encanta de Patricia es que no cede su visión. Es colaborativa, pero auténtica. En esta industria, muchas veces se espera que las mujeres cedan, y ella no lo hizo nunca”.

Riggen, por su parte, reivindica el respaldo mutuo: “Viola me hizo más fuerte. Su presencia como actriz y productora fue clave para pelear por mis ideas. Nunca dudé de mí misma porque ella me respaldaba”.
 
Filmada en Ciudad del Cabo, la película hace de Sudáfrica no solo una locación verosímil sino también un espacio simbólico.

“Sudáfrica lo tiene todo: la gente, la comida, el paisaje, el corazón”, expresó Davis. “Es el patio de juegos de Dios”.

“Normalmente nos dicen que filmemos Nueva York para que parezca Los Ángeles. Aquí filmamos Sudáfrica como Sudáfrica, y eso fue increíble”, sostiene Riggen.

El personaje que encarna Davis no es solo una presidenta: es una madre, una hija del ejército y una mujer que duda.

“No interpreto a la Presidenta de los Estados Unidos, interpreto a Danielle Sutton, una mujer que fue elegida para ese cargo”, aclara Davis. “Su motor es la búsqueda de valor, el deseo de sentirse merecedora, incluso después del éxito”.

Ese componente de humanidad vulnerable atraviesa todo el film. Davis lo sintetiza así: “Esa voz interna que nos dice que no somos suficientes, incluso cuando lo hemos logrado todo, está ahí. Es la historia de una heroína reticente que encuentra su fuerza”.

Una de las decisiones estéticas más llamativas del film es el uso persistente de un vestido rojo, que acompaña a la protagonista en su descenso físico y simbólico hacia la batalla.

“El vestido evolucionaba con la historia”, explicó Riggen. “Tuvimos que planificar cómo se movería con el viento en un helicóptero, cómo pelearía con él puesto. Hubo más de 40 versiones”.

Davis, sin disimular el gesto performático, ironiza: “Como actriz, el vestido era un obstáculo que debías conquistar. Te hace sentir poderosa no por lo que llevás puesto, sino por lo que superás”.
 
El neozelandés Antony Starr, conocido por su rol en The Boys, interpreta al antagonista del film: un excomando australiano convertido en mercenario. La decisión de no apelar a una nacionalidad tradicionalmente enemiga no es inocente.

“Queríamos que el villano fuera global, ambiguo. Anthony logró algo muy difícil: que el público empatice con él, sin justificarlo”, señaló Riggen.
 
Davis participó activamente del casting que compone su entorno íntimo en la pantalla.

“Anthony Anderson me recuerda a mi esposo. Por eso lo propuse. Y con Marsai Martin y Christopher Obi hubo química desde el primer día. A veces tenés que trabajarla, pero acá simplemente existía”.

G20 se inscribe en una genealogía que va de Avión Presidencial (Air Force One, 1997) a Ataque a la Casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013), pero con una capa discursiva que tensa ese linaje. Su guion, firmado por Caitlin Parrish, Erica Weiss y los hermanos Logan y Noah Miller, combina relato de catástrofe con comentarios sobre fake news, criptomonedas y caos global.

“No hay fantasía en G20, asegura Riggen. “Todo debía estar firmemente anclado en la realidad. Hice mucha investigación con asesores militares y técnicos para entender cómo podría tomarse una cumbre de este tipo”.

En ese contexto, que Davis —con una carrera marcada por Fences, Ma Rainey’s Black Bottom y The Woman King— acepte protagonizar esta historia, implica también un gesto político.

“Este personaje es fuerte pero también vulnerable. Tiene familia, historia, contradicciones. Eso me atrajo. Quería mostrar una mujer poderosa, sí, pero también real”, afirma la actriz.
 
La pregunta subyacente a todo el dispositivo narrativo de G20 es menos espectacular que ideológica: ¿qué significa que el último bastión ante el caos global sea una mujer negra, exmilitar, madre y política, enfrentada a enemigos descentralizados y digitales?

“Viola trae una perspectiva global”, concluye Riggen. “No es solo una gran actriz: su visión del mundo es distinta. Eso es oro puro para una película como esta”.

Davis, más explícita, dice: “Quiero compromiso. Que la gente se siente durante dos horas y crea. Porque esto también es representativo del mundo. Quiero que las mujeres se sientan capaces, que entiendan que sus límites solo existen en su imaginación”.

Con un elenco que incluye a Antony Starr, Elizabeth Marvel, Ramón Rodríguez y Marsai Martin, G20 se presenta como una superproducción que intenta reconfigurar los bordes del thriller político de acción desde el streaming. Una fantasía contenida, donde el poder sigue siendo norteamericano, pero su rostro ya no es el mismo.

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