Ciencia ficción y crítica social en la 75 Berlinale
"Mickey 17": La nueva distopía de Bong Joon-ho que desafía al sistema
El director de Parasite regresa con Mickey 17, un film de ciencia ficción protagonizado por Robert Pattinson, que explora el sacrificio humano y el poder corporativo en un futuro distópico.
Bong es un viejo conocido para la cinefilia argentina. Sus primeras películas las descubrimos en el BAFICI (Barking Dogs Never Bite, de 2000; Memories of Murder, de 2003; The Host, de 2006). En 2013 fue presidente del jurado del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (Edición 28), donde se realizó un foco sobre su obra. Se proyectó, además, la versión en blanco y negro de Mother (2009), que sólo se había podido ver en Corea del Sur. Los problemas de derechos, versiones y cortes no nos impidieron que nos acercáramos como pudiéramos a Snowpiercer (2013). Luego, Okja (2017) y tras la Palma de Oro y el Óscar por Parasite (2019), el conocimiento fue generalizado, global, indiscutido.
El autor es usualmente reconocido por su ingenio mordaz, por su mirada incisiva en torno a los asuntos y problemas sociales y por su habilidad para mezclar y estirar el límite de los géneros sin prejuicios. Humor, emoción, suspenso no presentan contraindicaciones en las peculiares dosis y formas de administración que Bong idea para cada una de sus películas (en las que puede identificarse claramente su mano, pero muy distintas entre sí). Mickey 17 (2025), su octavo largometraje, era posiblemente una de las películas que más expectativas había despertado antes del comienzo de la Berlinale. ¿Qué pasaría tras el fenómeno Parasite?
Y tanta expectativa, como suele acaecer, termina jugando en contra a la experiencia de ver la película….
En el catálogo la reseña es particular e inusualmente breve: “El improbable héroe, Mickey Barnes, se ha encontrado en la extraordinaria circunstancia de trabajar para un empleador que exige el máximo compromiso con el trabajo... morir para ganarse la vida”. El resumen es brevísimo pero, sin embargo, adecuado. Es que el protagonista (interpretado por Robert Pattinson) es un “expendable”, un empleado desechable en una expedición humana enviada a colonizar el mundo helado de Niflheim. Siempre que hay una misión demasiado peligrosa, la tripulación recurre a Mickey. Cada vez que muere (sí, cada vez que muere) se regenera un nuevo cuerpo al que se vuelven a “cargar” sus recuerdos. Y aquí vamos de nuevo…
Junto a Pattinson, el reparto de Mickey 17 se completa con Toni Collette, Steven Yeun, Mark Ruffalo y Naomi Ackie. El tono de todas las actuaciones es excesivo, barroco, subrayado. Mark Ruffalo en plan Donald Trump/Elon Musk es particularmente claro en cuanto que la voluntad es esa referencia más que la de construir un personaje (aunque la pareja siniestra que conforma con Toni Colette funciona muy bien como representación de la estupidez del mal).
Las referencias a la idiocracia reinante en el mundo son filosas, pertinentes, en muchos casos cómicas. ¿Cómo no compartir la crítica hacia el rol de las corporaciones que con tintes mesiánicos se aprovechan de las masas entre adormecidas e idiotizadas? ¿Cómo no divertirse con los apuntes sobre la estupidez rampante de quienes nos gobiernan? ¿Cómo no reconocer la cercanía con la realidad de las miradas sobre la condición humana y, en particular, sobre las relaciones de trabajo?
El punto es: ¿basta con que compartamos ese punto de vista? ¿Basta con que ese dispositivo nos divierta?
Hay algo de catarsis en eso de poder reírse de las circunstancias aun cuando sean tan ominosas como lo son en el presente. Poder decir en voz alta y compartir cuán desnudo en estos días se encuentra el rey, hace bien. Sin dudas. Pero pasado el (agradable) momento, la sensación es la de haber disfrutado de esa “descarga”, que no por obvia es menos efectiva… Pero poco más…
Ya algunas críticas se habían ensañado con lo pretendidamente subrayado que era el planteo de la lucha de clases en Parasite. Aquellos espíritus sensibles deberían evitar entonces Mickey 17 que apunta claramente a lo explícito y sin matices. Película urgente, en este sentido, no podemos dejar de pensar en torno al impacto que tenga el hecho que, desde el mainstream, se ataquen los cimientos de lo que parece ser el discurso dominante contemporáneo. El ataque es un poco obvio, superficial, tribunero… ¡pero qué bien que hace en estos momentos…!