Amazon Prime Video

Crítica de "El rey perdido": Stephen Frears y la búsqueda de justicia para Ricardo III

"El rey perdido", dirigida por Stephen Frears, relata en clave de ficción la historia del hallazgo de los restos de Ricardo III, el rey de Inglaterra fallecido en la batalla de Bosworth hace más de 500 años y estigmatizado como villano por la obra de Shakespeare. La película sigue a una mujer que, obsesionada con reivindicar su figura, emprende una búsqueda para redimir su memoria y descubrir la verdad detrás de su controvertido legado.

sábado 09 de noviembre de 2024

El rey perdido (The Lost King, 2022), es una película dirigida por el reconocido Stephen Frears, un experimentado cineasta británico que ha entregado títulos destacados como Philomena (2013), The Queen (2006) y la clásica Relaciones peligrosas (1988). En esta ocasión, Frears aborda en clave de ficción la fascinante historia detrás del hallazgo de los restos de Ricardo III, el rey de Inglaterra fallecido en la batalla de Bosworth hace más de 500 años y recordado como uno de los grandes villanos de la historia, en gran parte gracias a la célebre obra de William Shakespeare. La película explora la obsesión de una mujer contemporánea por redimir la memoria de Ricardo III y esclarecer la verdad detrás de su controvertida figura.

La protagonista de la trama es Philippa Langley, encarnada por la actriz Sally Hawkins, la misma de La forma del agua (2017). En la vida real, Philippa fue la promotora de iniciar la excavación para buscar el esqueleto de Ricardo III en la ciudad de Leicester, al que encontró debajo de un estacionamiento donde antes había estado una catedral.

El hallazgo es fantástico y da pie a reflexionar sobre la manera en que la historia es trastocada por la visión de los vencedores. Ricardo III resulta, a partir de esta narración, no ser ni tan deforme físicamente ni tan villano como narra Shakespeare. El personaje de la trama, Philippa, vive una crisis familiar y, al mismo tiempo, se involucra con la Sociedad Ricardiana, una entidad con un puñado de pintorescos miembros que está dispuesta a demostrar que Ricardo III fue un rey cuya memoria debe ser rescatada y que, la leyenda negra que pesa sobre él, es fruto de la propaganda del linaje de los Tudor sobre sus predecesores y enemigos, los Plantagenet.

La premisa tiene sentido y entonces la búsqueda que emprende Philippa va acompañada por el fantasma de Ricardo III, interpretado por el actor Harry Lloyd, con curiosas apariciones fantasmales que la animan a seguir adelante en su impensable cruzada. En paralelo, Philippa tiene que resolver su vida cotidiana, donde lía con los problemas de su trabajo en una oficina y con las complicaciones familiares a cargo de sus dos hijos y su ex marido, John (Steve Coogan), que resulta ser empático y solidario. Además, su proyecto de rescatar los huesos de Ricardo III también se mezclan con los intereses de los académicos de la Universidad de Leicester, que la miran con escepticismo al principio y con arribismo al final.

Stephen Frears, apoyado con un guion escrito por el ya mencionado actor-guionista Steve Coogan y Jeff Pope, basados en el libro de Philippa Langley y Michael Jones, confecciona una película sencilla pero ingeniosa, bien armada, con varios momentos emotivos y memorables. Frears ofrece una clase de cómo convertir material de carácter documental en una excelente ficción, lo que no es nada fácil de lograr. Para ello, le da forma a un Philippa como una protagonista entrañable a partir de su modesta humanidad, de sus conflictos íntimos, pero que es capaz de abrirse paso en medio de una crisis personal y familiar, y ascender como persona, a través de una causa que la motiva y la estimula.

El director también logra un ensamble actoral muy sólido, con talento que han probado su calidad y compromiso, donde además de Coogan y Hawkins, figuran rostros conocidos como Mark Addy. Además, saca buen provecho de las locaciones, tanto de Edimburgo como Leicester, integrándolas no solo como escenario, sino como personajes que aportan dramatismo y belleza.

Desde una posición antisolemne, divertida y apasionante, El rey perdido nos propone distintos temas para pensar, sobre todo lo que supone la historia en mayúsculas como algo inamovible, que ha sido digerido y aceptado por todos, pero de lo insospechado a veces surge algo nuevo que se puede sobreponer: la maravillosa premisa de que el pasado sí puede cambiar.

Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS