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Crítica de “Culpa Cero”: Una tragicomedia con Valeria Bertucelli, Justina Bustos y Cecilia Roth

Se trata de la segunda película como directora y guionista de Valeria Bertuccelli, tras "La reina del miedo".

miércoles 02 de octubre de 2024

El largometraje Culpa Cero (2024) es dirigido por Valeria Bertuccelli y Mora Elizalde, quienes también escribieron el guión junto a Malena Pichot. Al igual que en su ópera prima, La reina del miedo (2018), Bertuccelli decide ser acompañada en la ardua tarea de realización por otras mujeres y también ubicarse en el rol protagónico. Por lo tanto, estamos ante un relato elaborado por mujeres que reflexiona y expone varias cuestiones de los vínculos entre las mismas, sus inseguridades e hipocresías, pero también su incondicionalidad.

En Culpa Cero, Bertuccelli interpreta a Berta Muller, una exitosa escritora, autora de tres libros, el último de ellos un best seller, quien posee tanto popularidad como el reconocimiento del ambiente intelectual. La vida aparentemente perfecta que lleva Berta se desmorona cuando viralmente es acusada de alevosos plagios a pensadores célebres y rápidamente es llevada al exilio simbólico de la “cancelación”. Mientras ella intenta sobrepasar esta crisis, se va desmantelando toda la red de mentiras que ha tejido por años.

Por ende, la protagonista no sabe si es peor hacerse cargo públicamente del plagio o admitir que quien realmente escribió los libros era su asistente Marta -actuada convincentemente por Justina Bustos- y que ella nunca ha ni siquiera supervisado los mismos (toda esta cuestión no es un spoiler, puesto que sucede al poco tiempo de empezado el largometraje y se encuentra también en el trailer). La primera respuesta de Muller a las acusaciones de plagio es “la inventiva que no he tenido tiempo de tener”, lo cierto es que ni siquiera “ha tenido tiempo” de escribir nada y menos de leer lo que otra persona ha escrito para ella. Ni tampoco la nobleza para compartir el éxito, manteniendo a Marta en las sombras. Mediante el simbolismo de un tapado de piel, Berta le dice a Marta -con un dramatismo exagerado- que se lo regala para que entienda lo que es “estar en su piel”. Lo que resulta cómico e irónico porque quien jamás se pone en los zapatos ajenos y carece de empatía, es la propia Berta. Aspecto enfatizado por la puesta en escena, que se preocupa por contrastar constantemente la vida lujosa de Berta frente a la austeridad de Marta.   

El conflicto es planteado desde el inicio, y todo el filme posee un tono acertadamente tragicómico que resulta eficaz, gracias en gran parte a la carismática y sobresaliente actuación de Bertuccelli. Tal como ha demostrado en diversas ocasiones, la actriz tiene una capacidad única de producir el efecto de comicidad, debido a la forma en que entona y gesticula sus líneas. Berta es una mujer que, durante toda su vida, nunca se ha hecho cargo de nada, ni siquiera de comprar los regalos de cumpleaños para su hija, a diferencia de Marta, quien sí tiene un vínculo cercano y afectivo con la adolescente. Por primera vez en su vida, Berta -que es el tipo de persona narcisista que expulsa todas las culpas hacia el afuera- deberá confrontar sus propias miserias.

La “escritora” es representada como una mujer snob, manipuladora y egoísta, con modos “pasivos-agresivos” y como una especie de “Dr. Jekyll and Mr. Hyde”: amable en apariencia y muy manipuladora y poco empática con su círculo íntimo. Salvando las distancias con Roberta, la protagonista de La reina del miedo, parece que a Bertuccelli se le da bien crear mujeres inseguras y bastante neuróticas. En el filme, hay un compendio de “mujeres al borde de un ataque de nervios”, donde a Marta y Berta se suman, su amiga y abogada Carolina (Cecilia Roth), el personaje de Fabiana Cantilo -una mujer cuyo poder adquisitivo y estatus ha caído y por ende atraviesa una profunda depresión- y Sandra (Mara Bestelli), una drogadicta que intenta rehabilitarse sin éxito.   

Asimismo, este universo donde preponderan los personajes mujeriles ambiguos, posee una interesante psicología de los personajes, quienes disfrutan de una ética bastante cuestionable. La obra expone la brutalidad de lo viral (ya sea “positivo” o “negativo”), otorgando una reflexión sobre el mundo posmoderno, donde todo es efímero y poco consistente. Y por, sobre todo, posee una crítica contundente a la hipocresía, pero con la honestidad suficiente como para evidenciar que en la sociedad actual la falsedad y simulación vuelven a restaurarse. Porque la protagonista atraviesa un conflicto hacia una transición aparente.

Para concluir, tanto en La reina del miedo como en Culpa Cero, el final carece de impacto, parece empastarse un poco su desenlace. Sin embargo, se valora que se invite a la reflexión y no se clausure el sentido, como así también su nivel estético. Por último, se espera que Bertuccelli siga arriesgándose con sus peculiares relatos, porque Valeria es lo contrario a su personaje Berta, para ella la inventiva evidentemente no es un problema.

6.0
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