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Crítica de "Mano de obra" o cuando la clase obrera toma el control
La película mexicana “Mano de obra” (2019) explora con agudeza y crudeza los conflictos de clase, donde un grupo de albañiles toma por la fuerza la casa que ellos mismos construyeron, poniendo en evidencia las tensiones sociales y morales que surgen cuando la propiedad privada se convierte en un campo de batalla.
En el corazón del cine hispano, la vivienda no es solo un espacio físico, sino un símbolo cargado de significados culturales, sociales y políticos. Desde clásicos como La estrategia del caracol hasta producciones recientes como Antes del olvido, la casa es un territorio donde se libran batallas identitarias y de poder. En Mano de obra, la ópera prima de David Zonana, esta lucha se desarrolla en un escenario moderno, donde la clase trabajadora toma el control de la propiedad que construyó con sus propias manos.
La trama sigue a Francisco, un albañil que, tras la muerte de su hermano en un accidente laboral, decide ocupar la casa en la que trabaja. Con un grupo de compañeros, se instala en la propiedad, desafiando las normas sociales y legales en un acto de resistencia y reivindicación.
La película no solo expone la precariedad y explotación de los trabajadores, sino que también cuestiona la noción de propiedad y pertenencia. Francisco y sus colegas justifican su ocupación bajo la lógica de que ellos fueron quienes realmente “construyeron” la casa. Esta premisa desencadena un debate sobre el derecho a la vivienda y la justicia social.
Zonana construye su relato con una narrativa sobria y efectiva, evitando caer en dramatismos exagerados. En lugar de ofrecer respuestas fáciles, Mano de obra invita al espectador a reflexionar sobre las complejidades morales de la situación. Los personajes son representados con todas sus contradicciones, lo que añade profundidad a la película y evita una visión maniquea de la lucha de clases.
La película, protagonizada por Luis Alberti, se convierte en un espejo de las tensiones que atraviesan la sociedad mexicana, donde la desigualdad y la falta de oportunidades siguen siendo problemas persistentes. Al final, Mano de obra no es solo una crítica a la estructura social, sino también una exploración de la condición humana, donde la supervivencia a veces exige decisiones difíciles.