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Crítica de “Siberia”, los fantasmas de Abel Ferrara en la piel de Willem Dafoe

Como en su siguiente largometraje “Tommaso”, el director de “Un maldito policía” bucea en su oscuro pasado de la mano de su actor fetiche y álter ego Willem Dafoe.

Crítica de “Siberia”, los fantasmas de Abel Ferrara en la piel de Willem Dafoe
viernes 27 de agosto de 2021

Abel Ferrara vive en Roma, lejos de Hollywood (aunque nunca estuvo demasiado cerca) y hoy se encuentra alejado de las adicciones. Sus últimas películas son una especie de exorcismo de sus demonios internos y Siberia (2020) forma parte de ese proceso. Una puesta en abismo de sus miedos, deseos oscuros y pecados. O al menos eso podemos inferir de este relato surrealista y fantasmal.

Willem Dafoe encarna a un hombre que vive aislado en la fría zona geográfica del título. Mientras atiende en un parador a los pocos transeúntes que deambulan por la zona, confunde realidad con fantasía, presente con pasado y se sumerge en sus propios temores.

En una suerte de Intensa-mente (Inside Out, 2015) en versión pesimista, Ferrara lleva a su protagonista a viajar -o mejor dicho, descender- al interior de su mente perturbada. Confronta con afectos del pasado y hasta consigo mismo mientras se plantea varios dilemas existenciales.

Otro relato que viene a colación al ver la película es Scrooge, en una suerte de viaje al pasado en el que el protagonista “revive” momentos de felicidad y traumáticos de su pasado. Sin por su puesto la moraleja navideña en este caso.

Estas relaciones vienen dadas por la frontalidad con la que Ferrara expone a su protagonista: hay momentos sumamente tenebrosos y otros, decididamente ridículos. Hay una clara intención de “desnudar” sus fracasos pero no con fines narcisistas sino todo lo contrario, más bien busca mostrar sin ningún tipo de pudor. Una virtud y un defecto al mismo tiempo que solo Abel Ferrara puede permitirse representar.

Un párrafo aparte merece Willem Dafoe que acompaña a Ferrara desde los tiempos de New Rose Hotel (1998) y llegó a ser Pasolini de su mano. A sus sesenta y cinco años el actor no teme desnudarse y ser un convincente seductor o un ridículo adulto que ríe como un niño. Los matices del desmedido y ambicioso film son aportados por su composición.

6.0
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