Una ficción basada en hechos reales

Entre la dirección y la actuación, Daniela Goggi y Maite Lanata retratan a las víctimas de los femicidios de “Barreda”

“A partir de datos objetivos del círculo cercano de las mujeres, nosotros hicimos el trabajo de ficción”, explicó la cineasta en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine. “Me movilizaba mucho y me conectaba con los proyectos que tenían estas mujeres, con todos los sueños, tenían mucha vitalidad”, agregó la intérprete.

Entre la dirección y la actuación, Daniela Goggi y Maite Lanata retratan a las víctimas de los femicidios de “Barreda”
CRÉDITO FOTOS: José Tolomei (Daniela Goggi) – Adrián Díaz (Maite Lanata)
CRÉDITO FOTOS: José Tolomei (Daniela Goggi) – Adrián Díaz (Maite Lanata)
martes 08 de septiembre de 2026

Barreda (2026), un drama de ficción inspirado en la historia de Ricardo Barreda, condenado a cadena perpetua por los brutales asesinatos de su esposa, suegra e hijas, llegó a la pantalla de Prime Video días atrás. En el marco del estreno cinematográfico, su directora, Daniela Goggi, y una de sus protagonistas, Maite Lanata, dialogaron con EscribiendoCine sobre sus trabajos a lo largo del proyecto audiovisual.

Del otro lado de la cámara: la palabra de Daniela Goggi

La historia de Barreda está muy instalada en el imaginario popular, por la cobertura mediática que hubo en su momento, aunque continúa a lo largo de las décadas. ¿Te resultaba una posibilidad ese conocimiento previo de la gente para abordar la ficción o era un reto aún mayor a la hora de construir el relato basado en hechos reales?

Es algo que discutimos internamente con los guionistas cuando trabajábamos, hasta dónde uno utiliza el saber del espectador, o no, para contar una película de estas características. Y el desafío era muy grande porque tenías una enorme cantidad de personas que conocían la historia, entonces cómo no volverte redundante, pero no dejar afuera a generaciones jóvenes que empiezan a reconstruir el caso a partir de la película. El relato comienza con el punto de vista de Barreda y termina con el punto de vista de las cuatro mujeres asesinadas.

La película echa luz sobre las voces de las víctimas…

Nos parecía que era muy importante que el relato que Barreda había construido como objetivo era subjetivo, y que la palabra “conchita” no había existido nunca. Ningún testimonio a lo largo de todo el juicio pudo probar que eso existió. Sí lo que se podía probar -por las declaraciones de los novios de las chicas, de Cecilia y Adriana, y de sus amigas- es que Barreda era un maltratador, que había una tensión en la casa. Entonces, a partir de datos objetivos del círculo cercano de las mujeres, nosotros hicimos el trabajo de ficción.

Otro trabajo que hubo que hacer fue desde la puesta en escena, cómo trabajar la manipulación invisible y sentir todo el tiempo violencia y miedo dentro de todas las escenas familiares.

A partir de esta película, ¿qué redescubriste de tu “yo directora”?

Me siento una privilegiada de estar estrenando una película en este contexto nacional. Realmente, lo que fue pasando con el desfinanciamiento del INCAA, por variables multicausales... En este contexto nacional, filmás con una plataforma o no filmás. Cuando, en realidad, lo interesante del cine nacional era que tenía una diversidad. Vos podías hacer una película con una plataforma, con inversiones privadas, íntegramente producida por el INCAA sabiendo que era una película de autor pero que a lo mejor ganaba el premio en el Festival de Berlín y se vendía a 20 países y con eso se pagaba esa financiación... Que hayan quedado reducidos los modelos de producción del cine nacional me parece muy triste.

Y una siempre como directora y guionista va aprendiendo de proyecto en proyecto. Todos los desafíos son diferentes. Creo que Barreda tenía un desafío formal: cómo volver original un relato que conoce todo el mundo. Había que renovar la forma del relato. Por otro lado, con una enorme responsabilidad de por qué filmar un femicidio y cómo construir esas mujeres que tenían que ser vitales y que tenían que empezar a transmitir que lo que iban a perder era la vida. Y no que estaba solamente ante un drama basado en un caso real, te tenía que conmover. Creo que esos fueron los grandes desafíos, también cómo filmar un cuádruple asesinato y no regodearse en la violencia, cómo empezar el relato con un punto de vista y pasarlo a otro.

A su vez, teníamos un problema muy grande: no podíamos usar material documental porque no se conseguían los derechos de cómo fue trabajada la noticia en la opinión pública. Así que había que reconstruir eso.

De toda la película, ¿algún plano o alguna escena que selecciones, por algo que te haya representado a vos en particular?

Hay una escena que a mí me gusta mucho que son las cuatro mujeres en camisón en la cocina, ordenando y limpiando después de una fiesta familiar. Creo que hay una hermandad de lo femenino y de la complicidad del disfrute. Van mezclando los temas mientras van haciendo muchas acciones. Son esas escenas que parecen muy simples, pero hay que coordinarlas y que tengan esa coreografía, esa vitalidad y esa emoción…  Otra escena es la de las dos hermanas con las películas en Super 8, cuando se están despidiendo, que se van a ir de la casa.

Frente a cámara: la palabra de Maite Lanata

¿Cuándo fue tu primer conocimiento sobre los crímenes de Barreda, su figura y su instalación en la agenda mediática?

Mi primer acercamiento fue a partir de ficciones que se hicieron agarrando por ahí los conceptos como “conchita”, que fueron quedando a partir de la mediatización del caso. Después, viendo los medios de comunicación e investigando más para la peli, me sorprendió muchísimo el foco que le habían dado, sosteniendo muchísimo la narrativa de él, la única narrativa que se sostuvo. Daniela, la directora, pone el foco en un lugar donde nunca se puso. Me parece que más allá de este caso representa otros femicidios. Este es un caso que puede ser tomado como “mirá cómo se plasmaba en los años 90”, con todo lo que avanzamos en perspectiva de género, y todo lo que nos queda por avanzar.

Al interpretar a un personaje verídico, ¿cuáles fueron tus fuentes para su construcción?

Principalmente, el guion, que ya de por sí tenía una investigación detrás para construir estos personajes. Siempre remarcamos que es ficción, no hay documento y tanta precisión de lo que fue la intimidad de ese hogar. Porque es muy distinta la intimidad que se puede generar en un núcleo familiar a lo que pueden llegar a comentar amigos, amigas, de esa familia. Entonces, es recrearlo desde la imaginación y derribar ese sentido común de tomar como verdad el discurso de un femicida, que además su discurso era para salvarse de un juicio. Detrás había estrategias, uno por ahí no es consciente de eso, y la peli plasma mucho eso.

Por otro lado, pude dar con una amiga de Cecilia, Inés Creimer, que es muy cálida y me contó recuerdos que tenía de ella, que me ayudaron a construir más aún el imaginario, y también a conocerla un poco más a ella, a Cecilia.

¿Qué fibras considerás que te tocó interpretar a Cecilia con toda su historia?

Detrás del proyecto había todo un equipo muy fuerte y contenedor, pero con quien más compartí escenas fue con Margarita Páez. Para ambas era muy movilizante hacer estos personajes, meternos más en la historia. En lo particular, me pasó que las escenas del asesinato no las atravesé tanto en lo emocional como sí por ahí los micromachismos y las situaciones de estar lidiando con esta persona (Barreda). La interpretación que hizo Luis Machín fue increíble, se metía mucho en el personaje y fue trabajar esa incomodidad de pedirle ciertas cosas. Porque mi personaje era odontóloga igual que su padre, había un cierto respeto que se ve durante la peli, de cómo pedir las cosas, de ciertas estrategias que Cecilia va armando para poder abordar a su papá. Creo que eso era lo más difícil de interpretar, poder generar un cuerpo no tan cómodo en esa casa.

Asimismo, me movilizaba mucho y me conectaba con todos los proyectos que tenían estas mujeres, con todos los sueños, toda una vida por delante, tenían mucha vitalidad, que la fuimos construyendo a través de la peli. Cuando charlaba con Inés me contaba que este año Cecilia hubiese tenido 60. Me ponía muy triste por cómo se terminó contando este caso. Ojalá que con esta peli un poquito de justicia podamos hacer para los otros casos, no solo este puntual, que atraviese todos los casos de femicidios que a veces son silenciados, para poder darles una especie de voz a las víctimas.

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