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Crítica de "Sudor Frío": el terror como punto de encuentro entre el género y la historia reciente
La primera producción comercial de Paura Flics, dirigida por Adrián García Bogliano, combina los códigos del cine de terror con referencias a la violencia política argentina, construyendo un relato donde el suspenso, el gore y el humor funcionan como ejes narrativos.
Desde sus primeras producciones, Paura Flics desarrolló una propuesta centrada en el cine de terror, con una identidad visual y narrativa vinculada al cine de género. Sudor Frío (2010) representa un paso dentro de ese recorrido al convertirse en la primera producción de la compañía en llegar al circuito comercial de salas, manteniendo los rasgos que caracterizaron sus trabajos anteriores, aunque con una mayor escala de producción y un acabado técnico más elaborado.
La historia sigue a un joven (Facundo Espinosa) que, con la ayuda de una amiga (Marina Glezer), emprende la búsqueda de su novia (Camila Velasco), quien aparentemente lo abandonó tras conocer a otro hombre por internet. La investigación conduce a una antigua casona habitada por dos ancianos que, durante la década de 1970, integraron la Triple A. A partir de ese encuentro, el relato deriva hacia una sucesión de situaciones propias del cine de terror y el thriller.
Dirigida por Adrián García Bogliano (Masacre esta noche, 2009), la película se inscribe dentro de un género con escasa presencia en la producción industrial argentina. A diferencia de otros intentos aislados, como Visitante de Invierno (Sergio Esquenazi, 2008), Sudor Frío apuesta por desarrollar los códigos clásicos del terror: la construcción del suspenso, la amenaza permanente y la búsqueda de una respuesta física en el espectador mediante la tensión, el sobresalto y la violencia explícita.
Sin embargo, la película incorpora elementos propios del contexto argentino. El conflicto se articula alrededor de dos ex integrantes de la Triple A y de la desaparición de veinticinco cajas de dinamita, estableciendo un vínculo entre el terror ficcional y una referencia concreta a la violencia política de los años setenta. Más que reconstruir ese período histórico, el film utiliza esos antecedentes como parte de su universo narrativo, donde los personajes aparecen aislados del tiempo y continúan reproduciendo las mismas prácticas desde la clandestinidad.
Uno de los aspectos más consistentes de la propuesta es el diseño sonoro. La mezcla de sonido y el tratamiento espacial de los efectos acompañan la progresión dramática, mientras que la música, compuesta por Facundo Espinosa, funciona como un elemento narrativo que intensifica la tensión sin recurrir de manera constante a los recursos más previsibles del género.
En el plano visual, García Bogliano recurre a un montaje dinámico y fragmentado que enfatiza la acción y el impacto de las escenas de violencia. La presencia de sangre, mutilaciones y cuerpos expuestos responde a las convenciones del cine gore, aunque el film introduce momentos de humor y diálogos que rozan el absurdo, generando un contraste entre el horror y la ironía. Esa combinación evita que la película permanezca en un único registro y amplía las posibilidades expresivas del relato.
Sudor Frío consolida el recorrido que Paura Flics había iniciado con producciones independientes como Habitaciones para turistas (2004). Sin abandonar los códigos del cine de género que definieron su identidad, la película traslada esa experiencia a una producción de mayor alcance industrial, confirmando la continuidad de una línea de trabajo que contribuyó a fortalecer la presencia del terror dentro del cine argentino contemporáneo.