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Crítica de "A una isla de ti": Alexis Morante y una comedia queer sobre los afectos inesperados

Alexis Morante regresa a la ficción con una comedia romántica que encuentra en Gran Canaria mucho más que un escenario: un territorio donde los personajes ponen en crisis las certezas con las que organizaban sus vidas.

Crítica de "A una isla de ti": Alexis Morante y una comedia queer sobre los afectos inesperados
miércoles 15 de julio de 2026

Después de varios años ligado al documental musical, Alexis Morante vuelve a la ficción con una película que utiliza los mecanismos de la comedia romántica para explorar una cuestión más incómoda que el enamoramiento mismo: qué sucede cuando el deseo aparece en un lugar para el que nadie estaba preparado. En A una isla de ti (2026), el conflicto no gira alrededor de la aceptación social ni de la identidad sexual de sus protagonistas. Lo que está en juego es algo más cotidiano y, por eso mismo, más difícil de resolver: la manera en que una nueva relación obliga a reorganizar vínculos que parecían tener un lugar definido.

La película sigue a Harry, un chef británico que llega a Gran Canaria tras ser abandonado en el altar. Morante apenas se detiene en el melodrama de esa ruptura. Le interesa más observar el desconcierto posterior, ese momento en el que una persona descubre que ya no sabe quién es fuera de los planes que había construido. La aparición de Iván, el padre de la mejor amiga de Harry, introduce una perturbación silenciosa que el relato desarrolla sin recurrir a grandes estallidos emocionales.

Gran Canaria ocupa un papel central en esa búsqueda. La cámara registra playas, carreteras y pueblos costeros con una insistencia que va más allá del atractivo paisajístico. La isla funciona como un espacio de suspensión donde las normas habituales parecen perder fuerza. La amplitud de los encuadres y la presencia constante del horizonte acompañan el proceso de un personaje que, por primera vez en mucho tiempo, deja de intentar controlar aquello que siente. Esa estrategia visual aporta coherencia al relato, aunque por momentos la contemplación del entorno adquiere tanto protagonismo que la progresión dramática queda relegada a un segundo plano.

Morante construye una película atravesada por la idea de la negociación emocional. Nadie lucha aquí contra prohibiciones externas. Los obstáculos surgen de afectos previos, de lealtades familiares y de la incomodidad que provoca alterar una estructura conocida. Desde esa perspectiva, el guion encuentra sus momentos más interesantes cuando observa dudas, silencios y pequeñas contradicciones antes que cuando busca resolver los equívocos propios del género.

Dentro del reparto, Toni Acosta introduce una energía que desestabiliza la armonía general del conjunto. Cada aparición de su personaje incorpora matices, ironías y cambios de ritmo que enriquecen escenas que, de otro modo, tenderían a una linealidad excesiva. Freddie Dennis y Jaime Zatarain sostienen el centro emocional de la historia desde una interpretación basada en gestos contenidos y aproximaciones graduales, evitando convertir el romance en una sucesión de declaraciones enfáticas.

Más que una película sobre encontrar el amor, A una isla de ti observa cómo los afectos modifican las relaciones que ya existían antes de su aparición. En esa tensión entre lo que permanece y lo que cambia, entre la estabilidad y el deseo de avanzar hacia un lugar desconocido, la película encuentra una mirada que trasciende la ligereza aparente de su superficie y convierte la comedia romántica en una reflexión sobre la fragilidad de los mapas emocionales con los que intentamos ordenar nuestras vidas.

6.0
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