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Crítica de “El afinador”: Leo Woodall y Dustin Hoffman en una película para escuchar

Un thriller canadiense que encuentra en el sonido una forma de ampliar los límites del género y transformar la experiencia cinematográfica.

Crítica de “El afinador”: Leo Woodall y Dustin Hoffman en una película para escuchar
martes 30 de junio de 2026

El afinador (Tuner, 2026) es, en apariencia, una película de robos clásica: un protagonista con una habilidad extraordinaria, una banda de delincuentes y un plan que parece imposible. Sin embargo, la película dirigida por Daniel Roher encuentra una identidad propia al correr el foco del golpe perfecto hacia otro lugar: la obsesión por el sonido, la sensibilidad artística y la manera en que el cine puede contar una historia a través de aquello que muchas veces queda en segundo plano.

La trama sigue a Niki (Leo Woodall), un joven afinador de pianos que trabaja junto a su mentor Harry (Dustin Hoffman), un apasionado del jazz. Niki posee hiperacusia, una condición que le otorga una sensibilidad extrema al sonido. Pero esa ventaja también es una condena: su sensibilidad auditiva lo obliga a vivir aislado de los ruidos del mundo, utilizando audífonos para protegerse del caos sonoro de la ciudad.

Esa condición lo lleva a descubrir algo que nadie más puede percibir: el pequeño sonido que producen las combinaciones de las cajas fuertes. Cuando la necesidad económica aparece, esa habilidad se convierte en una tentación difícil de rechazar y termina acercándose a una banda de ladrones que busca aprovechar su don para conseguir dinero rápido.

La película mezcla el universo delictivo con el retrato íntimo de un joven que parece vivir desconectado de todo, con una mirada melancólica cercana a ciertos personajes de James Dean: alguien cansado, vulnerable y en permanente conflicto con su entorno. La llegada de Ruthie (Havana Rose Liu), una estudiante de conservatorio, abre una nueva posibilidad en su vida y plantea la idea de abandonar el mundo criminal. El problema es que sus compañeros de atracos no están dispuestos a dejarlo ir tan fácilmente.

El afinador convierte al sonido en una herramienta narrativa. En el futuro, la película podría convertirse en un ejemplo para analizar recursos sonoros en el audiovisual, ya que dentro de su propia historia aparecen varios conceptos desarrollados por Michel Chion en su texto La audiovisión: el valor añadido por el sonido a la imagen, los distintos planos sonoros, la percepción subjetiva y la música diegética y no diegética, entre muchos otros. 

La banda sonora, los silencios y los pequeños detalles acústicos construyen una experiencia sensorial donde cada recurso auditivo tiene un significado. El sonido de una tecla de piano, la cercanía de un aeropuerto o el mecanismo de una caja fuerte no son simples elementos ambientales sino que forman parte del mundo emocional del protagonista.

Por eso, El afinador es una película que necesita ser escuchada con atención. Su ritmo combina momentos de tensión propios del thriller con una pausa más cercana al cine de otras épocas, donde los personajes y sus vínculos tenían tiempo para desarrollarse. En esa línea la película también habla de la herencia generacional y los valores transmitidos.

Daniel Roher no reinventa el género de atracos ni busca descubrir una fórmula nueva, pero sí consigue expandir sus fronteras desde el lenguaje cinematográfico: una película de atracos donde el sonido deja de ser un recurso narrativo para convertirse en el verdadero protagonista. Y en esa diferencia encuentra su mayor atractivo.

8.0
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