BAFICI - Noches Especiales
Crítica de "El último viaje a China": Entrañable y conmovedor tributo a la gran artista rioplatense
Concepción Matilde Zorrilla de San Martín, alias La China fue –es- la artista uruguaya más querida y recordada en la Argentina y en Uruguay. Esta coproducción hecha a ambos lados del Charco, contó con un especialista detrás de las cámaras, Alejandro Maci. Y con dos irreemplazables testigos, guías y narradores como la porteña Soledad Silveyra y el montevideano Carlos Perciavalle.
Es un verdadero placer, que incluye mucho gozo y algo de tristeza, ver primero este film documental de la Gran China Zorrilla y hablar sobre él (y especialmente sobre ELLA) haciendo referencia a su contenido, a su vida, a su manera de ser y estar y el recordar los pequeños pero varios momentos compartidos con la eterna comediante nacida en Montevideo hace 104 años. Las referencias familiares y artísticas dirán que Concepción Matilde Zorrilla de San Martín y Muñoz del Campo nació como heredera de una aristocracia del talento. Su abuelo, Juan Zorrilla de San Martín, fue escritor, periodista, político, docente y considerado por los uruguayos como el poeta de la patria. Su padre, José Luis Zorrilla de San Martín, artista imaginero y pintor, a su vez era calificado como el escultor de la patria. A La China, le tocó como vemos ser la gran actriz de la patria.
Esa mochila artística que traía no fue un peso, sino más bien todo lo contrario. Fue su gran puerta al espíritu y a la necesidad de trasmitir –arte y cultura mediantes- sus dones al resto de la humanidad. Porque si algo tuvo La China fue justamente eso: un gran bagaje de humanidad, de hermosa e imbatible fraternidad. Y encima todo eso sazonado con un humor imperecedero, con su eterna gracia optimista. Y esa visión de la actriz es lo que nos muestra con deleite el documental El último viaje a China (2026) de Alejandro Maci. Quien ya se había probado –satisfactoriamente también- al relatar la vida y obra de otra gran mujer y artista, la directora de Camila y De eso no se habla, en María Luisa Bemberg: El eco de mi voz (2021). La China es una de las narradoras (en off o hasta frente a una cámara en reportajes varios). Y esto está armado de una manera muy singular dado que mientras narra distintas cuestiones de su vida externa e interna, algunas de esas expresiones están dadas por los propios personajes que asumió. Como pilares de apoyo para concretar esta película el director contó con dos productores: Alfredo Caro por Uruguay y Pablo Echarri por Argentina. El actor porteño solo había tenido como experiencia en cine en el cargo de productor ejecutivo con la ficción –que también protagonizó- Al final del túnel (2016) de Rodrigo Grande.
A decir verdad la actriz de Esperando la carroza (1985, Alejandro Doria) no está sola como guía o cicerone, no- La acompañan dos seres muy cercanos a su vida. Y eso es otro gran aserto del director. Por eso allí están la actriz Soledad Silveira y el “Rey del Café Concert”, Carlos Perciavalle. Realmente no había nadie mejor para contarnos la vida de esta gran amiga que tuvieron. Y el lugar elegido para recordarse y recordarla también es un sitio mágico y especial. Ese Paraíso que es la chacra de Perciavalle frente a la Laguna del Sauce cerca de Punta del Este en el Departamento de Maldonado, Uruguay. Los mejores laderos de ambas orillas.
Con Solita estuvieron por ejemplo siendo una madre de la otra tanto en la televisión en la serie Pobre diabla (1973) dirigida por Alejandro Doria con libro de Alberto Migré; como en la pantalla grande en Dios los cría (1991) de Fernando Ayala. Pero también se han cruzado más de una vez en los sets y pasillos de algún canal compartiendo Los especiales de Doria (1996) dirigidas nuevamente por Alejandro Doria en dos episodios. Y Coincidieron algunos episodios en Vidas robadas (2008) Serie de TV dirigida por Pablo Vázquez, Diego Sánchez y Miguel Colom. En teatro ya fuera compartiendo escenario o China dirigiendo a Solita estuvieron en Gigí, Perdidos en Yonkers, La pulga en la oreja, Las mariposas son libres y muy especialmente en Eva y Victoria. Y en cine habría que agregar el corto Entre la sombra y el alma (1997) de Augusto Barroso basado en un cuento de China. Y Últimos días de la víctima (1982) de Adolfo Aristarain, aunque ellas no coincidieron en las mismas escenas.
Por su parte con Perciavalle compartió varias obras y muchos años en teatro. Por empezar cuando vivieron en Nueva York en 1965 presentó con China Zorrilla el musical Canciones para mirar de María Elena Walsh que posteriormente mostraron en Montevideo, en gira por Uruguay y en Buenos Aires en 1971. Luego llegaría la unión más fuerte que tuvieron cuando en 1985 estrenaron en el Teatro El Nacional El Diario privado de Adán y Eva, un musical basado en el libro de Mark Twain con el cual realizaron varias temporadas en Argentina, Uruguay y otros países de América Latina. La obra la repusieron en los años 1992, 1997, 2004, 2007 y 2009. A su vez Carlos Perciavalle coprodujo el musical Sugar en 1986 que protagonizaron en el Teatro Lola Membrives Susana Giménez, Ricardo Darín y Arturo Puig, con dirección de Mario Morgan, siendo las letras de las canciones adaptadas por China Zorrilla. En varios espectáculos de Perciavalle, La China aportó sus textos o adaptaciones como Perciavalle no se entrega (1982), La mujer del año (1983), Perciavalle atomizado (1984), y de manera póstuma Homenaje a China Zorrilla con el espectáculo Mi vida con China (2016) dirigido por Alfredo Leirós. A esto habría que sumarle el hecho del libro que publicó Carlitos: Las mujeres de mi vida en 2015, donde entre otras están Susana Giménez, Moria Casán, Mirtha Legrand, María Elena Walsh y China Zorrilla, su gran amiga y compañera. Digamos que sus antecedentes en cine no han sido muchos, tan solo participó en seis películas: La cigarra no es un bicho (1963) de Daniel Tinayre, Clínica con música (1974) de Francisco Guerrero, Un viaje de locos (1974) de Rafael Cohen, Buenos Aires plateada (2000) de Luis Barone, Hermanos de sangre (2012) de Daniel de la Vega y El cielo del centauro (2015) de Hugo Santiago.
Maci ha optado por manejarse con diversos recursos: el uso de dron para llevarnos en este viaje por el camino hacia la chacra de Perciavalle; planos en blanco y negro, con contraluces, donde asoma un haz de luz brillante (¿Es la propia China que irradia su presencia?); filmaciones viejas, imágenes de archivo, audios en off de charlas y entrevistas; fragmentación del cuadro de la pantalla como si fuera un tríptico boschiano, donde el panel central aparecen Solita y Carlitos rememorando anécdotas y los dos paneles laterales verticales van de desde imágenes de films a primeros planos de La China. A lo largo de los casi ochenta minutos (Y nos parece poco) las emociones y remembranzas van y vienen con y frente a esta mujer a la que todos adoramos. La China a partir de su debut en el cine (con casi 50 años!!!) con el film Un guapo del 900 (1971) de Lautaro Murúa junto al propio Murúa, Chunchuna Villafañe y Jorge Salcedo, quedo subyugada por las películas y desde ahí no paró de filmar. Ya fueran protagónicos, secundarios de importancia, o de reparto con breves apariciones.
En total rodó 32 largometrajes, y más que decir que trabajó bajó las órdenes de una infinidad de realizadores, hay que decir que eran ellos los que se “peleaban” por tenerla a La China en su elenco, sí o sí. La lista de directores es impresionante. A los ya nombrados se le suman Raúl de la Torre (el director con quien más trabajó en cine en 3 ocasiones), en dos films estuvo –además de los citados Ayala y Doria – con Sergio Renán, Carlos Galettini, Oscar Barney Finn y Marcos Carnevale. Y en una sola película con Leopoldo Torre Nilsson, Héctor Olivera, Juan José Jusid, María Luisa Bemberg, Manuel Antin, Antonio Larreta, Edgardo Cozarinsky, Luis Puenzo, Ricardo Wullicher, Diego Musiak, Javier Torre, Ciro Cappellari, Santiago Carlos Oves, Boy Olmi, Sergio Bellotti y Mario Sábato.
Tuve la suerte, el placer y el honor de compartir con ella varios momentos, especialmente en rodajes. Empezando por el más significativo e inolvidable -en mi caso-. Fue con el film El verano del potro (1989) de André Melançon con Héctor Alterio, Manuel Callau y Mariano Bertolini en octubre 1988 en la locación de la Estancia La Harmonia, en General Las Heras, Provincia de Buenos Aires. Pues bien al final esa jornada, la China se ofreció para llevarme de regreso a la Capital. En el asiento de atrás viajó una amiga de ella. Y en el de adelante me senté yo en el asiento del acompañante. Y ella manejaba. Todo ese trayecto estuvo contando anécdotas y más de un chiste. Iba de un recuerdo dramático sucedido en Nueva York hasta los precios del tomate y las papas en una verdulería de su barrio. Los otros rodajes fueron en la vieja y aristocrática casona en la Villa Ocampo en San Isidro, Buenos Aires, para el film Cuatro caras para Victoria (1992) de Oscar Barney Finn, donde La China asumía el rol de la escritora en sus últimos años de vida, y compartiendo ese rol con otras tres actrices en diferentes etapas: Carola Reyna, Nacha Guevara y Julia von Grolman. Y la otra filmación fue en San Martín de los Andes (Neuquén) para La nave de los locos (1995) de Ricardo Wullicher. El rodaje fue en 1993 y tanto el equipo el film como los periodistas invitados estuvimos alojados en el Complejo Rincón del Este. Allí amen de las varias, graciosas y amenas charlas, recuerdo a La China sentada junto a su perrito toy peludito blanco en el umbral de su cabaña. Y cuando le comento que le iba a hacer unas fotos, ella me pidió encarecidamente de que salga bien retratada su inseparable mascota. La última vez que la vi fue en un viaje en Buquebus (ella iba y venía entre Buenos Aires y Montevideo, infinidad de veces) y luego de saludarnos (estaba con su bastón), fue simplemente quedarse escuchándola. No hay mayor encanto. (Si hasta está por hacer su viaje inaugural la nueva nave de Buquebus –totalmente eléctrico- bautizado ¡China Zorrilla!).
Otras cuestiones puntuales de esta imborrable mujer: ella misma explicó que de chica viviendo en París, sus hermanas le decían Cochona que significa cerda. Y ella preferiría que me llamaran Cochina. Y así quedó el apodo/sobrenombre de China. A veces se lo nombra otras no, pero su gran amor imposible y cuasi clandestino fue Juan Alberto “Poro” Capurro Fonseca, un bon vivant uruguayo, que falleció en un accidente automovilístico en 1962. La China, de alguna manera siempre ha sido una hippie solidaria. Además de actriz, directora, puestista, productora, escritora, adaptadora, era tejedora y pianista. Nació el 14 de marzo de 1922 en Montevideo. Murió el 17 de septiembre de 2014 en Montevideo. Más de una vez dijo: “Me encanta ser uruguaya. Tengo un gran orgullo de ser lo que soy”. Vivió en Buenos Aires en dos casas. Una en la calle Uruguay. Y la otra…en la calle Uruguay.
No hay que perderse este viaje por nada del mundo. Cuando el mismo finaliza la emoción nos invade porque estuvimos andando con ella indudablemente. La China Zorrilla está presente, ahora y siempre.