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Crítica de "Dos pianos": Charlotte Rampling en un desbordado drama romántico musical

Arnaud Desplechin parte de un misterio para devenir en un drama romántico atravesado por la música académica, que, plagado de ambigüedades, no termina de encontrar su camino.

Crítica de "Dos pianos": Charlotte Rampling en un desbordado drama romántico musical
sábado 11 de abril de 2026

El pianista de carrera internacional Mathias Vogler (François Civil) regresa a Lyon para preparar un concierto que dará junto a su mentora, Elena (Charlotte Rampling). En paralelo, Claude (Nadia Tereszkiewicz) se prepara con desgano para asistir a una reunión junto a su marido Pierre (Jeremy Lewin). Cuando Claude y Mathias se crucen por casualidad entenderemos que entre ellos dos hay un asunto irresuelto.

Dos pianos (Deux pianos, 2025) comienza con un misterio simbolizado por un gesto melodramático: un desmayo. Durante una parte de su duración se mantiene en una zona difusa; llegamos a preguntarnos, incluso, si se trata de una historia de ciencia ficción o si tiene elementos de realismo mágico. Sin embargo, a medida que transcurre el relato, el enigma se resuelve y entramos de lleno en el terreno del drama y del romance.

A Arnaud Desplechin (Reyes y reina, Tres recuerdos de mi juventud, Engaño), el director de Dos pianos, le interesan las historias de amor y, en especial, los recuerdos que guardamos de ellas. Desplechin elige al personaje encarnado por Civil para construir, en torno a él, un relato atravesado por la identidad y la memoria. El momento en que el pianista se encuentra cara a cara con su pasado es cuando entendemos que su vida fue escrita por otros y que debe hacerse cargo de ella: la relación de Mathias con Claude lo posiciona como alguien que espera; los vínculos con su madre, con su mentora y con su representante Max (Hippolyte Girardot) lo ubican en un rol de inmadurez, y lo eximen de responsabilidad. 

El título del largometraje es ambiguo: los espectadores deberemos interpretar si Dos pianos hace referencia a la relación musical entre maestra y discípulo o si remite al triángulo amoroso que existe entre Claude, Pierre y Mathias, que resulta en que Simon tenga dos roles paternos. Y esta ambigüedad, aunque es deliberada, no es beneficiosa para el film, que continuamente opta por símbolos que multiplican lecturas (algunas de ellas más bien subrayadas), oscureciendo el sentido general de la película. La densa atmósfera creada se continúa en los personajes, cuyos móviles no terminamos de comprender y en torno a los cuales es difícil trazar un arco de desarrollo.

A pesar de que la música atraviesa el film desde el primer momento, da la sensación de que no es más que una excusa para presentar un personaje que responde a un estereotipo de artista que sufre. El único instante en el que vemos a Mathias ser feliz con su música es sobre el desenlace. En esa instancia abandona el virtuosismo que es requerido de él para brindar una sentida interpretación del Preludio Coral “Ich ruf zu dir, herr Jesu Christ” (Te invoco, señor Jesucristo) de Johann Sebastian Bach, transcrito para piano por Ferruccio Busoni, una pieza que es en sí misma una meditación religiosa y una representación de una transparente mirada interior. La interpretación de este preludio, grabada por el mismo François Civil, parece materializar el destino del personaje de una manera en la que el resto del metraje, intenso y desbordado, no logra hacerlo.

4.0
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