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Crítica de “¡La Novia!”: Maggie Gyllenhaal y una revolución feminista que se sale de control

En plena era de nuevas adaptaciones de clásicos góticos, Maggie Gyllenhaal redobla la apuesta con una versión moderna y mucho más oscura de "La novia de Frankenstein" en clave feminista.

Crítica de “¡La Novia!”: Maggie Gyllenhaal y una revolución feminista que se sale de control
miércoles 04 de marzo de 2026

En 1935 se estrenó La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein), secuela directa de Frankenstein (1932). Con su atmósfera sombría y estética expresionista, aquella película mostraba la creación de una compañera para el icónico monstruo. Retomando esos temas, Gyllenhaal ofrece en ¡La Novia! (The Bride!, 2026) una reimaginación contemporánea que profundiza en el costado más oscuro y gótico de sus personajes, mientras articula un mensaje en clave feminista contra las injusticias estructurales.

El film abre con un prólogo desafiante y extravagante que anticipa el tono de la historia. Allí se establece la presencia de Mary Shelley —interpretada también por Jessie Buckley— como una suerte de conciencia que acompaña a Ida a lo largo del relato. Con intervenciones breves pero significativas, la autora funciona como guía en el proceso de autodescubrimiento de la protagonista, ayudándola a forjar su identidad y a defenderse de quienes intentan reducirla a un objeto.

Tras ese inicio electrizante, el primer acto recupera elementos de la película original: la soledad de Frankenstein y su deseo de tener una compañera. Aunque adquiere mayor protagonismo, el personaje no es el eje central del relato. Una vez que Ida vuelve a la vida, la película adopta un tono más ambicioso y frenético, impulsado por la personalidad arrolladora de la protagonista y la intensa interpretación de Buckley (Hamnet), que construye un personaje emocionalmente complejo: creado para acompañar, pero decidido a definirse por sí mismo.

En el segundo acto, el film abandona parte del caos inicial y se inclina hacia una estructura más cercana al policial. Allí aparecen los detectives Jake (Peter Sarsgaard) y Myrna (Penélope Cruz), quienes investigan los disturbios provocados por la pareja de monstruos. Sin embargo, esta subtrama carece de un objetivo claro y se siente desdibujada, funcionando más como un obstáculo narrativo que como un verdadero motor dramático. Es en este punto donde la película flaquea: coquetea con distintos géneros sin lograr que todos sus elementos confluyan de manera orgánica.

La relación entre Ida y Frankenstein plantea una historia de amor atípica, construida de forma gradual y relegada a un segundo plano frente al mensaje central. La verdadera columna vertebral del film es la búsqueda de identidad de Ida, su negativa a ser tratada como un objeto y su lucha por no ser simplemente “la novia de”. Con la guía simbólica de Mary Shelley, la protagonista aspira a tener un nombre propio y a reclamar su autonomía en un mundo que intenta definirla.

Aunque la narración se resiente por la acumulación de hilos argumentales y ciertos desvíos innecesarios, ¡La Novia! se atreve a desafiar las convenciones del romance clásico. Con respeto hacia el material original pero una mirada renovada, la película propone una reinterpretación audaz, sostenida por las potentes actuaciones de Buckley y Bale: espeluznantes e hipnóticas a la vez.

7.0
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