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Crítica de “Cumbres Borrascosas”: Emerald Fennell reimagina un clásico en clave pop
La directora de "Hermosa venganza" dirige esta nueva adaptación cinematográfica de la novela "Cumbres Borrascosas", escrita por Emily Brontë, y protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi.
Lejos de intentar una traslación fiel, la directora propone en Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, 2026), una relectura contemporánea que busca resignificar el clásico desde una sensibilidad actual.
La historia sigue a Catherine Earnshaw (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi), dos jóvenes que crecen juntos en la mansión de los Earnshaw. Con el paso del tiempo, el vínculo entre ambos se vuelve cada vez más intenso y apasionado, pero también queda atravesado por la obsesión, la venganza y la marcada diferencia de clase social que los separa. Ese conflicto estructural —amor y resentimiento entrelazados— funciona como el motor dramático del relato.
En Saltburn (2023), su proyecto anterior, Fennell exploraba una historia de manipulación y deseo donde la sexualidad explícita y las situaciones extremas eran el vehículo para retratar la obsesión. En Cumbres Borrascosas, en cambio, la directora opta por una aproximación más estilizada: mantiene su interés por los vínculos tóxicos y la intensidad emocional, pero desplaza el foco hacia el erotismo sugerido y la dimensión afectiva del romance. El resultado es una adaptación libre que privilegia la experiencia sensorial por sobre la fidelidad literaria.
Uno de los aspectos más llamativos es su apuesta estética. Fennell introduce elementos contemporáneos en una historia situada en el siglo XVIII, tanto en el diseño de producción y el vestuario como en el soundtrack oficial compuesto por Charli XCX. Esta decisión remite inevitablemente a lo que hizo Sofia Coppola en María Antonieta (2006), al incorporar música y objetos modernos en un contexto histórico. El efecto es el de una obra deliberadamente anacrónica que busca reforzar la atemporalidad de los conflictos: el deseo, la frustración y la lucha de clases no pertenecen a una época específica.
En términos narrativos, también hay cambios significativos respecto de la novela. En el libro, Nelly —la dama de compañía de Catherine— era la narradora principal. Aquí, interpretada por Hong Chau, comienza como un personaje secundario, una especie de conciencia y refugio emocional para Catherine. Sin embargo, a medida que avanza el relato, especialmente en el tercer acto, su rol cobra mayor peso hasta recuperar parcialmente su función mediadora, actuando como puente entre los protagonistas.
La estructura en tres actos está claramente marcada y se refleja en el tono. El primer acto presenta una infancia vertiginosa pero impregnada de ternura, con un montaje dinámico que subraya la complicidad entre Catherine y Heathcliff. El segundo acto se centra en la tensión sexual y el despertar emocional de Catherine, combinando melancolía y deseo contenido. El tercero rompe definitivamente con la novela en varios aspectos argumentales: el vínculo se transforma en un entramado de engaños, celos y traiciones, con un ritmo más acelerado y un dramatismo exacerbado.
Hacia el desenlace, la película abandona casi por completo el erotismo y la toxicidad para subrayar el amor profundo que une a los protagonistas. Fennell opta por un cierre más enfático en lo romántico que en lo trágico, construyendo un discurso emocional sobre la potencia del amor absoluto, incluso cuando este ha estado marcado por el resentimiento.
Con Cumbres Borrascosas, Emerald Fennell deja de lado la reverencia al texto original para ofrecer una adaptación que responde más a su propia sensibilidad autoral que a la tradición literaria. Es una propuesta arriesgada y, por momentos, irregular, pero también apasionada y visualmente potente. Si en Saltburn la obsesión se expresaba a través del exceso, aquí se canaliza mediante la estilización y la emotividad. El resultado es una versión distinta, provocadora y decididamente contemporánea de un clásico eterno.