Salas

Crítica de “El día del fin del mundo: Migración”: Gerard Butler y la catástrofe contemporánea

La continuación de “El día del fin del mundo” vuelve a poner a su protagonista en fuga junto a su familia, esta vez desde Groenlandia hacia la promesa de un paraíso terrenal.

Crítica de “El día del fin del mundo: Migración”: Gerard Butler y la catástrofe contemporánea
miércoles 04 de febrero de 2026

El día del fin del mundo: Migración (Greenland: Migration, 2026) consolida a Gerard Butler como un actor capaz de inscribir sus películas dentro de un contexto donde las amenazas globales funcionan como telón de fondo. En esta secuela aparecen con fuerza temas como la migración, la crisis ambiental, la disputa por los recursos naturales, el recuerdo reciente de la pandemia y hasta la centralidad estratégica de Groenlandia en el nuevo mapa del mundo. Todo está ahí, aunque apenas esbozado.

Claro que ninguno de estos ejes se desarrolla en profundidad. La historia retoma el final de El día del fin del mundo (Groenlandia, 2020) con John (Butler), su esposa Allison (Morena Baccarin) y su hijo ya adolescente (Roman Griffin Davis), en una huida desesperada desde el búnker en Groenlandia hacia Europa. El objetivo es llegar a una zona cercana al Cráter, último bastión para la supervivencia humana. En el trayecto, la familia debe enfrentar una sucesión de eventos extremos: ráfagas de viento devastadoras, caída de meteoritos y otras consecuencias del colapso ambiental.

Lee también: Crítica de "El día del fin del mundo", otra de cine catástrofe

Se trata de una estructura clásica del cine postapocalíptico, aquí atravesada por una coyuntura reconocible y actual. Pero la película está más interesada en ofrecer una moraleja sobre la supervivencia que en explorar sus implicancias políticas o sociales. Como es habitual en este tipo de relaciones, la amenaza más persistente no proviene de la naturaleza, sino de la crueldad humana en contextos de desesperación.

Ric Roman Waugh imprime una tensión constante en una película saturada de efectos visuales que retratan un planeta devastado. Su pulso para el vértigo y el drama se expresa en una cámara nerviosa e inestable que, sin embargo, no siempre logra transmitir la emoción buscada. La seriedad extrema con la que se aborda el drama humano termina jugando en contra del conjunto, especialmente cuando la película intenta convertirse en un alegato moral. La aventura y el humor, elementos capaces de oxigenar el relato, brillan por su ausencia, y algunas situaciones resultan difíciles de similar.

Aun con estas limitaciones, El día del fin del mundo: Migración cumple con su función como producto correcto, bienintencionado y coherente con su mirada pesimista sobre el futuro de la humanidad. No obstante, en términos cinematográficos, carece de la novedad y la energía necesarias para trascender: apenas alcanza a construir un puñado de secuencias funcionales de cine catástrofe, y no mucho más.

6.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS