Salas
Crítica de “Arco”: Ugo Bienvenu y una fábula ecológica muy cálida
A través de un universo visualmente sugestivo, el film invita a imaginar un futuro en el que la humanidad ha logrado evolucionar en armonía con la naturaleza.
El ilustrador francés Ugo Bienvenu presenta su ópera prima como guionista y director con Arco (2025), una película animada de ciencia ficción que propone una puerta de entrada al género para las nuevas generaciones.
Ambientada en un porvenir lejano e idílico, donde los viajes en el tiempo son posibles gracias a trajes coloridos que surcan el cielo dejando estelas de luz arcoíris, la historia sigue a Arco, un niño impaciente que sueña con viajar en el tiempo, aunque tiene prohibido hacerlo por su corta edad. Desafiando las reglas, decide aventurarse solo, pero el trayecto sale mal y queda varado en el año 2075, un mundo mucho más hostil que aquel del que proviene. Allí conoce a Iris, una niña de diez años que presencia su caída desde el cielo y que, junto a su robot cuidador, se embarca en una odisea para ayudarlo a regresar a casa.
Desde este universo futurista cuidadosamente construido, Bienvenu presenta a dos protagonistas que el espectador debe acompañar en un viaje tan íntimo como simbólico. Por un lado, Iris vive en un 2075 marcado por la ausencia: sus padres aparecen apenas de forma esporádica como hologramas, y su crianza queda en manos de un robot doméstico tan eficiente como entrañable. En el otro extremo está Arco, un niño soñador y ambicioso proveniente de un futuro aún más distante y desconocido. A partir de la experiencia de Iris, la película articula un mensaje melancólico sobre cómo, en un futuro no tan lejano, los vínculos humanos pueden verse erosionados por la tecnología, incluso por aquellos dispositivos que aparentan ser inofensivos.
Con el correr del relato, se vuelven evidentes las similitudes con E.T. (1982), donde Arco ocupa el rol del visitante extraño e Iris el de la niña que lo acoge, lo que hace que el desarrollo emocional se centre más en ella que en el propio protagonista. Al mismo tiempo, Arco dialoga con el cine de Hayao Miyazaki, especialmente en su subtrama ecológica, al subrayar la importancia del vínculo entre los seres humanos y la naturaleza. A esto se suma un marcado tono de coming of age, en el que los niños deben aprender a valerse por sí mismos en un mundo donde los adultos carecen de autoridad y son reemplazados, en gran medida, por máquinas.
Si bien Arco cuenta con una estructura sólida y propone mensajes potentes —atravesados por la tristeza, el ecologismo, la familia y los peligros del avance tecnológico—, por momentos la narración se vuelve demasiado monótona. El film se detiene en el desarrollo de personajes secundarios que aportan poco al conflicto central, generando la sensación de un primer acto extendido en el que la historia avanza con dificultad.
Aun con estas debilidades de guion, Arco se consolida como una propuesta animada interesante y sensible. Su cuidada paleta de colores habla por sí sola y logra transmitir emociones que muchas veces los diálogos no alcanzan a expresar. Además, la relación entre Arco e Iris se construye con ternura y honestidad, permitiendo que ambos aprendan de sus errores mientras descubren cómo desenvolverse por cuenta propia en un mundo tan fascinante como incierto.