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Crítica de "Snoopy & Charlie Brown: Peanuts, la película": un regreso fiel al universo de Schulz

"Snoopy & Charlie Brown: Peanuts, la película" recupera la esencia de las historietas de Schulz con una animación que respeta su estilo y una historia centrada en los intentos de Charlie Brown por reinventarse.

Crítica de "Snoopy & Charlie Brown: Peanuts, la película": un regreso fiel al universo de Schulz
domingo 30 de noviembre de 2025

Durante décadas, los personajes creados por Charles M. Schulz transitaron la televisión, los especiales festivos y el universo gráfico de las historietas sin una verdadera adaptación cinematográfica que los llevara a la pantalla grande. Snoopy & Charlie Brown: Peanuts, la película (Peanuts: The Movie, 2015), dirigida por Steve Martino, viene a ocupar ese espacio pendiente y lo hace recuperando el espíritu irónico, melancólico y lúdico de las tiras, al mismo tiempo que mantiene su conexión con el público infantil.

La película sitúa a Charlie Brown como eje del relato: un niño que, pese a su perseverancia, arrastra una larga cadena de fracasos cotidianos. Junto a Snoopy, su inseparable compañero, enfrenta una serie de desafíos que ponen en tensión su autoestima y su deseo de cambiar la percepción que los demás tienen de él. La llegada de una nueva vecina pelirroja a la escuela abre un camino de expectativas que Charlie intenta recorrer con planes que requieren esfuerzos desmesurados: aprender pasos de baile para un concurso, leer La guerra y la paz en un día o improvisar estrategias para demostrar un cambio que él mismo no termina de comprender.

Sin embargo, un suceso inesperado altera su rutina y lo vuelve, por un breve período, el centro de atención. Ese giro narrativo funciona como exposición de sus inseguridades y, a la vez, como crítica a los mecanismos de reconocimiento social que atraviesan el mundo escolar. La película evita convertir ese acontecimiento en un triunfo simplista y lo utiliza para recuperar la esencia de Charlie Brown: un personaje que siempre intenta, aunque el resultado no sea el esperado.

Martino construye la puesta en escena respetando el tiempo interno de las tiras de Schulz. La animación incorpora técnicas contemporáneas pero mantiene la línea estética clásica: colores suaves, trazos que remiten al cómic y una lógica de movimiento que conserva la cadencia del dibujo original. El film apuesta por una atmósfera retro donde los niños leen libros, escriben con lápiz y papel y utilizan teléfonos de tubo, elementos que subrayan una temporalidad suspendida, propia del universo Peanuts.

Las secuencias en las que Snoopy imagina aventuras paralelas —sus combates aéreos en la Segunda Guerra Mundial o su romance con Fifí— se integran al relato principal como extensiones del imaginario del personaje y como contrapunto humorístico al recorrido de Charlie Brown. Esa alternancia entre realidad y fantasía mantiene una estructura que dialoga con la historieta, donde los pensamientos se plasman en imágenes que amplían la dimensión narrativa.

La película confirma que Charlie Brown sigue siendo ese “pequeño viejo” atribulado, reflexivo y perseverante, un personaje que carga con una mezcla de pesimismo y esperanza. Esa combinación, junto con la presencia de Snoopy, sostiene una historia en la que la torpeza y el deseo de mejorar conviven con la mirada sobre los vínculos que Schulz exploró durante más de sesenta años.

8.0
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