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Crítica de "Una Noche en el Museo 2": Un domingo lluvioso en Netflix

La continuación del exitoso film con Ben Stiller es –aún para quienes no vieron la primera parte- un rejunte de ideas.  Ni siquiera un reciclaje.  El esfuerzo puesto en el diseño de producción no consigue disimular los evidentes defectos de un guión escrito con trazo grueso.  Hoy Hollywood muestra más que nunca cómo las películas son pensadas como simples mercancías. 

Crítica de "Una Noche en el Museo 2": Un domingo lluvioso en Netflix
sábado 22 de noviembre de 2025

Y no es que no lo sean, entendámoslo: el cine (sobre todo el de entretenimiento) es un arte eminentemente industrial.  El problema es cuando se toma por tonto al consumidor... espectador, perdón.  Si funcionó una vez, le agregamos un par de chucherías (total nadie se va a dar cuenta) y zafamos.

Una noche en el museo 2 (Night at the Museum: Battle of the Smithsonian, 2009) comienza con el regreso del guardia interpretado por Stiller al museo en donde vivió dos años atrás una gran aventura, producto de haber tomado contacto con las estatuas de cera, animales disecados y cuadros que por la noche cobran vida.  Su vida ha cambiado (ahora es un próspero empresario) pero la nostalgia lo empuja a visitar a sus extraños amigos, que serán enviados a otro museo.

Allí las aventuras continuarán, esta vez cuando se desate la ira de un faraón. Lo que sigue es un tour de force de situaciones repetidas, en donde los efectos son los únicos fuegos de artificio que aportan poco y nada al desarrollo del relato.  Stiller demuestra toda su capacidad gestual (más medida que la de Jim Carrey), como intentando tapar los baches. Están las reducidísimas apariciones del amigote del protagonista, Owen Wilson, y Robin Williams jugando a rehacer Jumanji.  Sólo el magnetismo de Amy Adams (Encantada, La duda) como una célebre aviadora le da un poco de gracia a la película.

En esta oportunidad se suma el mundo marino como componente mágico (ya se les animarán a otros bichos). Tampoco faltan los lugares más comunes del género: inesperada vuelca de tuerca, beso final, música altisonante que acompaña las peripecias del héroe, personajes buenos que flaquean y personajes malos que nada pueden contra el ingenio de un personaje secundario capaz de salvar al principal. Todo de forma previsible. Tan previsible que a la media hora el espectador pensará por qué no la esperó en el cable, un domingo lluvioso.

4.0
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