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Crítica de "Belén": Dolores Fonzi convierte un caso judicial en símbolo político

"Belén", es na película profundamente política: su potencia radica en señalar que cada retroceso no es un hecho aislado, sino parte de una disputa constante por la libertad.

Crítica de "Belén": Dolores Fonzi convierte un caso judicial en símbolo político
viernes 14 de noviembre de 2025

Belén (2025), película inaugural de la 46ª edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y distinguida con un Premio Coral al trabajo sonoro de Leandro de Loredo, parte de Somos Belén, el libro de Ana Correa, para examinar cómo la violencia institucional se legitima en nombre de la ley y cómo, frente a esa maquinaria, la acción colectiva puede abrir fisuras allí donde el sistema pretende clausurar toda posibilidad de revisión.

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En marzo de 2014, una mujer ingresó al Hospital Avellaneda, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, con fuertes dolores abdominales. Desconocía que estaba embarazada. Sufrió un aborto espontáneo en un baño y, mientras permanecía inconsciente, fue denunciada por el personal médico. La denuncia derivó en su detención, más de dos años de prisión preventiva y una condena a ocho años bajo la figura de “aborto seguido de presunto homicidio”. En 2017, gracias a la intervención de la abogada Soledad Deza, el fallo fue revisado y la joven resultó absuelta.

Dolores Fonzi, actriz con una trayectoria consolidada y debutante en la dirección con Blondi (2023), toma este caso real y lo desplaza hacia la ficción a través de la estructura del thriller judicial. En ese movimiento, la película no se limita a reconstruir un expediente, sino que examina los mecanismos mediante los cuales un entramado conservador ejerce control sobre el cuerpo de una mujer en situación de vulnerabilidad y, en sentido inverso, pone en escena la acción colectiva del feminismo como fuerza capaz de intervenir, disputar sentido y revertir una condena que el sistema daba por cerrada.

La debutante Camila Plaate, distinguida con la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, interpreta a Belén —nombre ficticio que preserva la identidad real de la protagonista, quien permanece en el anonimato— desde un trabajo basado en la contención. Silencios, miradas sostenidas y una respiración medida construyen un registro donde el cuerpo funciona como espacio de inscripción política, más allá de la palabra. En ese territorio mínimo se manifiestan tanto la exposición a la violencia institucional como una forma de resistencia que no requiere ser enunciada.

Dolores Fonzi encarna a Soledad Deza, la abogada católica y feminista que asume la defensa y activa el eje narrativo del film. A partir de su intervención, el relato aborda la confrontación con el sistema judicial no como una hazaña individual, sino como el resultado de una trama militante, jurídica y política que deja al descubierto las fisuras del proceso.

El guion, escrito por Fonzi junto a Laura Paredes, recurre a los mecanismos del thriller judicial para transformar audiencias, interrogatorios y peritajes en escenarios de disputa ideológica. Aunque la película reconoce el sostén colectivo del caso, elige articular su desarrollo a través del recorrido de Deza, concentrando en su figura la tensión entre un orden patriarcal y la posibilidad de intervenir sobre su lógica interna.

Desde lo visual, Belén pone en tensión lo íntimo con lo institucional. Los pasillos del hospital, la cárcel, las oficinas de la defensa, la sala del tribunal e incluso la calle se configuran como espacios en contraste permanente, donde lo burocrático irrumpe sobre lo doméstico y lo somete a su lógica. Los primeros planos insisten en el cuerpo femenino como territorio de disputa política, mientras el montaje alternado entre lo privado —las escenas de la vida familiar— y lo público desarma cualquier separación estable entre ambos registros: la vida cotidiana se inscribe como un espacio atravesado por el poder y el cuerpo de una mujer, aun en silencio, queda expuesto como un texto que el sistema pretende leer, clasificar y disciplinar.

Belén dialoga, en cierto sentido, con Argentina, 1985 (2022) tanto desde su forma —al inscribirse en un relato judicial que convierte el procedimiento legal en materia narrativa— como, más allá de ella, desde su posicionamiento político. En ambos casos, el cine se asume como un ejercicio de memoria activa y de advertencia: no para reconstruir un pasado clausurado, sino para interpelar el presente y señalar que cada retroceso responde a una disputa en curso. En ese marco, la libertad no aparece como una conquista definitiva, sino como un territorio siempre inestable, que exige ser defendido, revisado y vuelto a poner en juego una y otra vez.

8.0
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