Prime Video
Crítica de "Viaje de fin de curso: Mallorca": lo que la Generación Z no pudo dejar atrás
La comedia de Paco Caballero para Prime Video pone en escena el confinamiento emocional de la Generación Z durante el COVID, disfrazado de viaje de egresados frustrado y encierro colectivo con minibar, drogas y mucho descontrol.
En 2021, mientras el mundo aún digería el trauma del confinamiento, una noticia sobresalió en los medios: un grupo de estudiantes quedó aislado en un hotel de Mallorca tras un brote de COVID - 19 durante su viaje de egresados. La anécdota —que en redes sociales fue tratada como meme y tragedia adolescente a partes iguales— sirve como base para Viaje de fin de curso: Mallorca (2025), dirigida por Paco Caballero, y protagonizada por una generación que, a fuerza de memes, escapismo y redes sociales, sigue intentando procesar aquello que se les fue negado: el tránsito simbólico a la adultez.
La trama, que reúne a más de 50 estudiantes, dos docentes (con la siempre precisa participación de Yolanda Ramos) y un hotel, apela al caos de Projecto X (Project X, 2012). Pero es en ese desorden donde se filtra la pregunta incómoda: ¿qué significa crecer cuando te roban el rito de pasaje? ¿Qué dejó el encierro en quienes todavía no habían terminado de salir al mundo?
La película no busca dar respuestas, sino amplificar el ruido interno de la Generación Z: sus miedos, deseos, ansiedades y carencias afectivas. Las fiestas, las drogas y las confesiones amorosas se vuelven formas de procesar —torpes, exageradas, contradictorias— una pérdida que no es solo sanitaria, sino emocional y cultural.
El guion, escrito por Eric Navarro y Natalia Durán, propone una comedia generacional con más capas de las que admite su tono ligero. Por momentos se deja llevar por la caricatura, pero en otros acierta al poner en primer plano una generación precarizada emocionalmente, criada entre apps, crisis económicas y promesas vacías. El hotel, convertido en prisión dorada, funciona como metáfora: el encierro como norma, el deseo como excepción, y el futuro como amenaza más que como posibilidad.
Lejos del cine pedagógico, Viaje de fin de curso: Mallorca no sermonea, pero sugiere: si hoy los adolescentes viven en loop, repitiendo los mismos gestos sin salida, es porque algo se rompió en ese 2020 que nadie supo cómo reparar. Y es ahí donde la película cobra sentido, no como producto, sino como registro emocional de un tiempo suspendido.