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Crítica de "La habitación de al lado": El viaje de Almodóvar entre la amistad y la muerte
La nueva película de Pedro Almodóvar, "La habitación de al lado" (The Room Next Door, 2024), se sumerge en la complejidad de la amistad y el final de la vida a través de la relación entre Ingrid, una escritora reconocida, y Martha, su amiga en fase terminal. Con un guion que ahonda en los límites de la identidad y la memoria, Almodóvar entrega una historia que confronta al espectador con su propia vulnerabilidad y el poder de los vínculos personales.
La habitación de al lado, el primer largometraje en inglés de Pedro Almodóvar, narra la historia de Ingrid (Julianne Moore), una escritora que se reencuentra con su amiga de juventud, Martha (Tilda Swinton), quien enfrenta una enfermedad terminal y ha decidido poner fin a su vida. Martha le pide a Ingrid que la acompañe en sus últimos momentos, lo que desencadena un viaje íntimo entre ambas, lleno de recuerdos y secretos compartidos. Este reencuentro, cargado de emociones contenidas, lleva a las dos mujeres a confrontar su propia mortalidad y a explorar en profundidad el significado y la fragilidad de los lazos humanos.
Uno de los temas centrales de La habitación de al lado es la forma en que enfrentamos la muerte y la relación que establecemos con nuestros recuerdos. Almodóvar adopta un enfoque sobrio, evitando sentimentalismos, para mostrar la dificultad de aceptar la mortalidad y la relevancia de los vínculos afectivos. Aunque los flashbacks son en ocasiones repetitivos, intentan representar el pasado en la vida de las protagonistas; sin embargo, esta técnica narrativa no siempre se integra de manera fluida en el desarrollo de la historia.
Basada en la novela Cuál es tu tormento de Sigrid Nunez (Anagrama), La habitación de al lado se caracteriza por su abundante uso de citas y referencias artísticas que abarcan un vasto espectro cultural, evocando a pintores, cineastas, escritores y filósofos. Entre las figuras referenciadas se encuentran Buster Keaton, Simone Weil, Dora y Leonora Carrington, William Faulkner, Edward Hopper, el poeta Félix Grande, Alfred Hitchcock, Patricia Highsmith, Dylan Thomas, Bernard-Henri Lévy, Georges Simenon, Cristina García Rodero, Sandro Kopp. John Huston (con la película Desde ahora y para siempre, [The Dead, 1987]) y Andrew Wyeth (con el cuadro El mundo de Cristina). Estas alusiones no solo enriquecen la narrativa, sino que también introducen una dimensión temática que explora en las preocupaciones estéticas y estilísticas de Almodóvar.
La casa donde se desarrolla la mayor parte de la trama adquiere una dualidad notable: es un refugio que ofrece intimidad, pero también un espacio que intensifica el aislamiento de los personajes. Esta estructura, llena de detalles y simbolismo visual, se convierte en una extensión de sus emociones y conflictos internos. Los ventanales amplios, que inicialmente parecen invitar a la libertad, acaban por encerrar los sentimientos reprimidos y las angustias no expresadas. Los colores vibrantes, característicos del estilo del director, contribuyen a crear una "arquitectura emocional" que refuerza las capas de vulnerabilidad y dolor de los protagonistas, construyendo un espacio visual donde la narrativa se despliega sin palabras, permitiendo una exploración de la psicología de los personajes.
Almodóvar profundiza en las convicciones de sus personajes, abordando temas de gran relevancia contemporánea como la crisis climática, el auge de la extrema derecha y el derecho a una muerte digna, entrelazando estos discursos con el desarrollo de la trama. Sin embargo, su intento de transmitir su idiosincrasia en una cultura diferente, como la estadounidense, no logra el mismo impacto. La adaptación a cadencias y formas de amar que son menos intensas y desgarradas que las españolas contribuye a que la película por momentos se sienta fría y distante.
Ganadora del León de Oro en la Mostra de Venecia, La habitación de al lado ofrece una perspectiva singular sobre la convergencia de la muerte, la memoria y la creación artística. Almodóvar logra equilibrar la elegancia visual con la crudeza emocional, invitando al espectador a reflexionar sobre la efimeridad de la vida y el papel de los recuerdos en la construcción de nuestra identidad.