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Crítica de "La Heladería": Un viaje sensorial entre el pasado y el presente
La obra escrita por Ana Scannapieco y dirigida por Lisandro Penelas explora la búsqueda de una receta familiar perdida y el valor de la memoria a través de los sabores. Con las actuaciones de Boy Olmi, Ana Scannapieco y Pablo Fusco, la puesta en escena propone un viaje sensorial que conecta identidad y tradición.
La historia de La Heladería, escrita por Ana Scannapieco, se despliega como una búsqueda personal en la que la protagonista intenta recuperar la receta del helado de limón que marcó su infancia. Con dirección de Lisandro Penelas y un elenco compuesto por Boy Olmi, Pablo Fusco y la propia Scannapieco, la obra fusiona teatro y memoria para reconstruir una historia de familia, sabores y herencia.
Dividida en cinco cuadros que llevan nombres relacionados con sabores de helado, la puesta en escena minimalista sigue el recorrido de Ana en su intento de descifrar un secreto que va más allá de la cocina: el legado de una tradición. A medida que la protagonista avanza en su búsqueda, el espectador se adentra en un mundo de recuerdos que evocan la historia de la icónica heladería Scannapieco, una de las más reconocidas de Buenos Aires.
El texto transita entre la comedia y el biodrama, con una estructura fragmentada que permite al público sumergirse en la emotividad de cada escena. La conexión entre el helado y la memoria se convierte en el eje central de la narrativa, resaltando cómo los sabores pueden ser un puente hacia el pasado.
El elenco de La Heladería logra transmitir la esencia de una historia íntima y personal. Ana Scannapieco, en el rol protagónico, encarna la nostalgia y la determinación de alguien que busca respuestas en el tiempo. Boy Olmi y Pablo Fusco complementan la puesta con interpretaciones que aportan matices al relato.
El trabajo de Lisandro Penelas en la dirección se destaca por su capacidad de combinar el realismo con un tono onírico, generando una atmósfera que transporta al público a distintos momentos de la vida de la protagonista.
Más allá de su trama, La Heladería estimula los sentidos del espectador, evocando olores y sabores a través de su narrativa. El helado, como símbolo de identidad y memoria, se convierte en el eje de una historia que entrelaza lo personal con lo colectivo, lo lúdico con lo reflexivo. En este recorrido, el espectador no solo asiste a la búsqueda de Ana, sino que también se sumerge en sus propios recuerdos, activando la memoria emocional a través de la experiencia teatral.