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Crítica de “Buenas noches”: Matías Szulanski y una "Después de hora" porteña
Matías Szulanski ofrece un auténtico 'tour de force' a través de una nocturna Ciudad de Buenos Aires plagada de maleantes y situaciones extravagantes.
Buenas noches (2024) continúa explorando el peculiar universo de personajes, escenarios y circunstancias que caracterizan a Juana banana (2022), Último recurso (2023), Berta y Pablo (2024), las últimas producciones del director de Pendeja, payasa y gorda (2017). En esta entrega, Szulanski introduce el thriller y la comedia de acción para narrar la accidentada noche de la protagonista en una Buenos Aires hostil y llena de oportunidades inesperadas.
Una joven brasileña de unos treinta años (Rebeca Rossato), llega a la ciudad con la intención de quedarse en casa de su tía. Sin embargo, su mala suerte parece no darle tregua: pierde sus valijas en el vuelo, y luego, tras desencontrarse con su tía, olvida su teléfono y cartera en un taxi. Sin opciones claras, se ve obligada a recorrer bares, fiestas y hogares de desconocidos, enredándose en problemas cada vez más serios.
Lo que destaca de Buenas noches es su capacidad para sorprender constantemente al espectador. El viaje nocturno se presenta como una suerte de versión porteña del film de Martin Scorsese Después de hora (After Hours, 1986), donde los espacios urbanos se convierten en un laberinto que mezcla lo cotidiano y lo aterrador. Desde referencias locales como la mítica pizzería Imperio hasta diálogos coloquiales, el film recrea una Buenos Aires familiar pero peligrosa, donde los personajes están inmersos en negocios turbios que atrapan a la protagonista de forma involuntaria.
Szulanski retoma el estilo que ha caracterizado a sus producciones recientes, centradas en las peripecias de personajes femeninos. Sin embargo, también recupera elementos de la violencia y sordidez presentes en sus primeros trabajos. Con ritmo, frescura y un humor absurdo que nunca pierde protagonismo, se apropia de la mirada desconcertada de una turista atrapada en una ciudad caótica, noctámbula y, a la vez, fascinante.
El resultado es una película que se mueve entre lo truculento y lo irónico, ofreciendo un retrato tan salvaje como entretenido de la noche porteña.