Reflexiones sobre el arte y la vida
"Sobre la estética": Edgar Morin y su exploración de la sensibilidad humana
Edgar Morin ofrece una visión profunda y filosófica sobre el sentimiento estético, indagando en la creatividad artística que ha definido la humanidad desde tiempos inmemoriales. A través de figuras como Beethoven, Dostoievski y Orson Welles, el pensador analiza en "Sobre la estética" (Prometeo) cómo el arte no solo es una experiencia de placer, sino también una ventana a la complejidad de la condición humana.
En su ensayo Sobre la estética, Edgar Morin invita al lector a ver el arte como un fenómeno que va mucho más allá de la mera apreciación visual. Para Morin, el sentimiento estético no solo es una respuesta de agrado o fascinación ante una obra, sino una vivencia que conecta al individuo con aspectos profundos de la sensibilidad humana. Esta sensibilidad se manifiesta en el placer, el maravillamiento y la reflexión que surgen tanto de los paisajes naturales como de las creaciones artísticas.
Morin describe este sentimiento como un “hecho fundamental” en la vida humana, una fuerza que nos mueve y nos une a la condición humana de una forma única. En este sentido, el arte se convierte en un canal de comunicación que conecta al ser humano con su entorno y su tiempo, pero también con su propia identidad.
Una de las preguntas más intrigantes para Morin es la naturaleza de la creatividad. ¿Qué impulsa a una persona a crear una obra que trasciende generaciones y culturas? Para responder, Morin explora temas como el genio, la inspiración y el trance. En esta reflexión, el autor nos lleva desde los antiguos rituales de los chamanes hasta los procesos creativos de los poetas y escritores, cuestionando qué es aquello que permite al ser humano alcanzar un estado de creatividad que va más allá de la simple reproducción de la realidad.
Según Morin, la creación artística es un proceso de mimesis y transformación de la realidad que permite al artista conectar con su propio subconsciente y, a través de él, con el de quienes experimentan su obra. Esta conexión convierte al arte en una forma de trascender lo cotidiano, de permitir una experiencia vivencial que se renueva cada vez que el espectador se enfrenta a una creación auténtica.
Desde las primeras expresiones de arte en las cuevas de Lascaux hasta la música de Beethoven y el cine de Orson Welles, Morin argumenta que estas obras no solo son manifestaciones artísticas, sino también testimonios de la condición humana. A través de estas piezas, el pensador muestra cómo el arte se convierte en un espejo de la humanidad: reflejando tanto sus comedias como sus tragedias. Estas obras son capaces de capturar emociones, conflictos y experiencias que resuenan a lo largo de la historia, creando un puente entre el pasado y el presente.

Las creaciones artísticas tienen, según Morin, un valor singular: su capacidad de atravesar el tiempo y seguir dialogando con quienes las observan o escuchan siglos después. Una sinfonía de Beethoven o una novela de Dostoievski despiertan emociones en los lectores y oyentes actuales con la misma intensidad que lo hicieron en su época, ofreciendo una ventana a las complejidades de la naturaleza humana. Esta cualidad de resonar a lo largo del tiempo es, para el ensayista, el verdadero poder del arte, pues permite que cada generación conecte, explore y comprenda los matices de la experiencia humana. En esta permanencia, el arte no solo entretiene, sino que se transforma en un espejo atemporal que invita a reflexionar sobre lo que significa ser humano.
Morin entiende el arte como un medio esencial para descubrirnos a nosotros mismos y ampliar la percepción de nuestra existencia. Las obras artísticas funcionan como espejos profundos de la experiencia humana, revelando emociones, conflictos y aspiraciones que habitualmente permanecen en silencio. Ya sea a través de los dramas de la literatura clásica o la narrativa cinematográfica de Orson Welles, el arte nos invita a mirar de frente nuestras inquietudes más profundas y a reflexionar sobre quiénes somos y quiénes podríamos llegar a ser.
La estética tiene un propósito esencial que va más allá de embellecer: invita a la reflexión. El arte nos abre una nueva perspectiva sobre nuestras vidas, conectando lo cotidiano con lo trascendental. Así, la estética y la creatividad se integran como elementos fundamentales de la condición humana, revelando que la vida, en su complejidad, es tanto trágica como hermosa.