Reestreno en salas - 22 de agosto
“Relatos salvajes”: Diego Gentile y Liliana Weimer recuerdan “Hasta que la muerte nos separe”
El actor y la actriz integran el reparto de la aclamada película escrita y dirigida por Damián Szifrón, que vuelve a la pantalla grande a 10 años de su presentación.
Hay frases que, gracias al cine, forman parte del imaginario popular argentino. Sin dudas, una de ellas es '¡Filmáme esto, Néstor!', que pronuncia Romina (Érica Rivas) en la historia “Hasta que la muerte nos separe”, perteneciente a Relatos salvajes (2014), el filme escrito y dirigido por Damián Szifrón. Ese comentario es dicho por la mujer en el marco de su catastrófica boda, con el objetivo de que el camarógrafo registre el llanto desconsolado de su marido Ariel (Diego Gentile) y la madre de él, Cuca (Liliana Weimer). A diez años del debut de la película en la pantalla grande, y en el marco de su reestreno en salas, Gentile y Weimer recuerdan en EscribiendoCine sus experiencias en el rodaje y reflexionan sobre la conversión del largometraje en un fenómeno cinematográfico y social.
En el relato ficticio, el conflicto surge dentro de la celebración. Cuando Romina descubre que en una de las mesas Ariel tiene una conversación cariñosa con una compañera de su trabajo, ata varios cabos, corrobora ciertas dudas, interroga a su esposo sobre lo sospechado y, tras confirmarlo, huye hacia la terraza. Luego, suceden hechos desopilantes y violentos, entre la comedia y la tragedia, que no solo involucran a la pareja protagónica del evento sino, también, a los invitados.
Cabe destacar que Relatos salvajes es la película argentina más taquillera en la historia del cine nacional, ya que fue vista en salas por 3.940.000 espectadores. Asimismo, fue ovacionada en el Festival de Cannes y estuvo nominada al Premio Oscar. Obtuvo importantes reconocimientos nacionales, como 8 Premios Platino y 10 Premios Sur, y decenas de internacionales, como el Premio Bafta y el Premio Goya.
Si viajamos hacia sus primeros contactos con el film, ¿cómo fueron sus llegadas?
Diego Gentile: Fue hace más de 11 años. Yo estaba por terminar la temporada de verano de la obra TOC TOC en Mar del Plata y me llamó Javi Braier, que era el director de casting de K&S Films, y me contó de la peli. Igual yo ya estaba enterado porque son esas pelis grandotas de las que todo el mundo sabe que se están armando. Me dijo, 'Me falta un coprotagonista de una de las historias'. Le comenté que el lunes siguiente, a la tarde, me iba de vacaciones, pero me armó todo el casting para ese día a la mañana, y me mandó la escena del vals. Me desmonté los tres meses de funciones, viajé toda la noche y me fui casi sin dormir a la audición, que hice con una actriz que estaba de coach. Encima yo caí en un refuerzo, porque Damián ya tenía algunos actores en la cabeza, que habían sido casteados, sin embargo, pidió un refuerzo. Hice el casting, me fui de vacaciones y solté, era algo tan grande que no lo veía posible, no me hacía la cabeza, encima estaba cansado por la temporada teatral. Javi me iba enviando mails, diciéndome que estaba en carrera, y alrededor de las tres semanas me mandó 'Die, ¡sos Ariel!'. Recuerdo que yo estaba en un baño de Disney cuando recibí el mensaje, ¡fue inesperado!
Liliana Weimer: No tenía experiencia previa con Damián. Llegué a Relatos salvajes por un casting. Me llamaron de la castinera, fui, lo hice y me convocaron para este cuento.
¿Cómo vivieron el rodaje? ¿Recuerdan alguna anécdota?
L.W: ¡La experiencia fue maravillosa! Todo lo que iba sucediendo en el relato se filmó con continuidad, desde que arrancaba la fiesta hasta el final, salvo las secuencias en la terraza que se hicieron aparte. Eso estaba muy bueno porque actoralmente te permitía tener un registro de lo que había pasado, de dónde venías, de cómo estabas. Por ejemplo, la escena donde se accidenta Lourdes (Margarita Molfino) con el espejo, que después está totalmente ensangrentada con los médicos, y la cámara hace todo un travelling con nosotros hablando, recuerdo que se filmó al final, de madrugada. Estábamos realmente cansados y destruidos, así que tuvo un gran realismo. Y era un casamiento con muchísima gente, con muchísimos extras. Llegó un momento en el que yo, que un poco era la anfitriona de la fiesta, ya sabía de memoria en qué mesa estaba cada uno. Les había puesto nombres a las familias. ¡Estuvo muy bueno!
D.G: Fue muy fluido y sencillo porque Damián es un gran líder, la tiene clarísima, te guía muy bien, y Érica fue una compañera espectacular. Se armó todo el ambiente, y recuerdo algo muy particular y pintoresco que nos pasó con las voces. Yo estaba haciendo TOC TOC cada noche en teatro, y Relatos salvajes se filmaba de día, entonces estuve durante varios días feliz pero casi sin dormir. En el momento en el que Ariel le grita '¡Basta! ¿Qué te hice?' a Romina, casi al final, yo estaba con un hilo de voz y le dije a Damián. Por lo tanto, empezamos con mi plano y me planteó: 'Quemá todo ahí, que en el plano de Érica grito yo'. Lo filmamos y quedó de una. Cuando fueron al plano de ella, que tenía que responder a ese grito y se me veía de referencia, Damián gritaba, yo hacía la mímica, tentado de espaldas, no sé cómo ella no se tentaba. ¡Quedó espectacular!
¿A qué atribuyen la trascendencia espacial y temporal del largometraje?
D.G: Es una peli re argenta, en idiosincrasia, en formas nuestras, pero, a la vez, universal. Me acuerdo cuando se estrenó en todo el mundo y me llegaban mensajes de Transilvania, diciendo que acababan de verla. Y hoy, en Argentina, ponés el noticiero y siguen diciendo 'otro relato salvaje', se instaló como si fuera una forma de identificar rápido un estado. Se podrían hacer 15 temporadas de una serie y no se agota, creo que tiene que ver con el momento en el que uno corta polea, busca venganza, medirse.
Por otro lado, muchas veces me ocurre, incluso hoy que ya pasaron 10 años del estreno, que me dicen en la calle '¡Uy, el casamiento!' o 'el novio de Relatos…'. La peli está muy adherida a la gente. “Hasta que la muerte nos separe” es la historia en la que arrancamos de una manera, se nos complica y nos volvemos a ver, es la única cíclica. Entonces, la tradición sobre el amor es muy identificable para la gente.
L.W: Hay un talento en el guion, en la dirección, en la impronta de Szifrón, y fundamentalmente en la idea de mostrar actitudes humanas con las cuales nos identificamos, por lo menos, en el mundo occidental, también con las épocas. Yo viví muchos años en México y me empezaron a llegar comentarios de mis amigos o conocidos de allí con respecto a la película, ¡estaban enloquecidos! Así, en muchísimos países. La película está llena de detalles que en una primera vista por ahí uno no los registra. “Hasta que la muerte nos separe” es un relato muy vertiginoso, quizás te empezás a reír con algo y no habías visto, en un principio, lo que hizo otro personaje. ¡Tiene toda esa riqueza!
No es solo cine, es cine argentino. Como actores -y espectadores- de la industria audiovisual, en la actualidad, ¿qué valor le otorgan a la cinematografía nacional?
D.G.: Aparte de ser hacedor de cosas artísticas, consumo mucho, me gusta ir a ver a los compañeros y a las compañeras, en cine, en teatro, y eso es absolutamente transformador. Por eso estamos tan preocupados en este momento, donde no se está haciendo foco en la cultura, como si eso no importara, como si fuera algo menor, y yo creo que es algo mayor, que te hace más empático.
Hace unos días fui al Gaumont, cine que amo y que está hermoso, y estaba casi lleno, con precios populares. Sigue habiendo algo festivo ahí. Amo nuestro cine, laburé en un videoclub desde los 13 años, así que tengo mucho visto. El cine argentino es identidad, afuera nos reconocen por nuestro cine, tenemos una idiosincrasia, una historia muy rica para seguir contándonos. Que no se quiera hacer foco en nuestra historia me parece, por lo menos, peligroso. De hecho, ahora está circulando una censura de ciertas temáticas. Yo soy parte de nuestra idiosincrasia cultural con un pequeño grano de arena, pero me parece que le tendría que parecer terrible a todo el mundo, a un arquitecto, a un abogado, a un tipo que labura en un supermercado. Me alarma cuando eso no pasa.
L.W.: Particularmente, estoy muy triste con lo que está pasando, más allá de que creo que la cultura en este país la va a seguir peleando, y no sé si la van a poder pisotear de la manera en que se lo han propuesto, es lamentable. Con Relatos salvajes, y con muchas otras películas, el talento argentino ya se instaló, está reconocido. Ahora nos convertimos en un país que no produce, un país pobre. Quienes están gobernando actualmente quieren borrar de un plumazo un montón de cosas, no creo que puedan. Todos decimos 'hay que aguantar', pero es muy difícil, tanto para el cine como para el teatro. Yo me manejo mucho en el teatro independiente, tengo una sala, y está todo desfinanciado. Considero que la fuerza de la cultura en general es más poderosa, no se puede tapar el sol con un dedo, así que espero que pase pronto esta etapa, lo más pronto posible. Nosotros seguiremos estando en la medida en que se pueda. Si estamos eclipsados un rato, volveremos a resurgir.