Sala Lugones

Crítica de "La mujer hormiga": Betania Cappato y Adrián Suárez en un canto a la resiliencia familiar

En "La mujer hormiga" (2023), la rutinaria vida de Virginia se ve sacudida por la inesperada visita de su hermana Renata. Sin embargo, este trastorno no es un estallido inmediato, sino más bien un proceso gradual, una gota que, poco a poco, erosiona el presente.

martes 14 de mayo de 2024

Virginia (Eugenia Alonso) es una mujer separada y madre de un preadolescente. Su vida gira en torno a su pasión por la repostería, proporcionando un refugio de rutina y dulzura en su día a día. Sin embargo, esta existencia tranquila se ve trastornada cuando su hermana Renata (encarnada por Julieta Vallina) toma la decisión de mudarse un tiempo a su casa.

En esta narrativa, que hábilmente entrelaza elementos de realismo con toques de fantasía y ciencia ficción autoral, se nos presenta un escenario donde las consecuencias de un misterioso accidente, traumas profundamente arraigados y cicatrices emocionales se despliegan gradualmente. La película se sumerge en la complejidad de las relaciones familiares, explorando cómo los afectos evolucionan y se transforman en el contexto de una convivencia forzada. Este contexto ofrece una plataforma perfecta para que los personajes se desenvuelvan, desvelando capas de emociones y conexiones que se extienden mucho más allá de lo que se percibe a simple vista.

Betania Cappato y Adrián Suárez demuestran su maestría al tejer una narrativa hábil y delicada, brindando a los espectadores la oportunidad de explorar los matices y complejidades que impregnan las relaciones familiares en la trama. La mujer hormiga logra un equilibrio exquisito entre la intensidad de las emociones y la elegancia de su ejecución, invitando al público a sumergirse en un viaje profundo de autodescubrimiento y empatía hacia los personajes.

Las interpretaciones de Eugenia Alonso y Julieta Vallina son un ejemplo de actuación visceral en su máxima expresión. Estas dos talentosas actrices logran forjar un vínculo emocional entre sus personajes mediante gestos y detalles, desvelando así las profundidades insondables de la relación entre las hermanas. Su actuación es como una metáfora visual del flujo del agua, que serpentea y atraviesa todo a su paso, al igual que los sentimientos que fluyen entre los personajes. A medida que la película avanza, estas emociones se desbordan gradualmente.

Con La mujer hormiga, Betania Cappato y Adrián Suárez tejen con meticulosidad un retrato íntimo de la intrincada telaraña de las relaciones humanas. En medio de la oscuridad, las emociones y los afectos se despliegan de manera misteriosa y profundamente hermosa, recordando que las relaciones familiares, con todos sus misterios y complejidades, siempre mantienen un elemento de belleza indestructible.

8.0
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