Salas

Crítica de “El triángulo de la tristeza”, la sátira social de Ruben Östlund que no esquiva al feminismo

La ganadora de la Palma de Oro de Cannes es otra visión ácida del director de “The Square” sobre las relaciones de poder con catástrofe anunciada.

miércoles 30 de noviembre de 2022

El realizador dos veces ganador del premio máximo en Cannes abandona el universo del arte pero sin dejar de lado las frivolidades de los ricos y sus mezquindades. Por eso los protagonistas son una pareja de modelos e influencers a bordo de un crucero.

Carl (Harris Dickinson) y Yaya (Charlbi Dean) son una pareja de modelos que debaten ideas de género luego de una cena. Ambos explotan sus físicos en la pasarela y hacen un culto de ellos en las redes sociales. Por sus seguidores en Instagram, son invitados a un crucero lleno de extravagantes millonarios en donde las relaciones de poder (entre hombres y mujeres, entre la tripulación y los pasajeros) se tensan al máximo. Una noche de tormenta la basura que subyace saldrá a la luz -literalmente- hasta el naufragio.

Plagada de un humor irónico, propio del realizador sueco, el film está dividido en tres capítulos. El primero presenta a la pareja protagonista y su conflicto, el segundo desarrolla todo lo acontecido en el barco, mientras que el tercero sucede en la isla, luego del naufragio. Esta forma narrativa plantea una mirada sarcástica sobre la condición humana y sus cambiantes relaciones de poder en función del dominio de uno sobre el otro.

El triángulo de la tristeza (Triangle of sadness, 2022) empieza problematizando la desigualdad económica entre un modelo hombre y una modelo mujer, esta última mejor paga. Pero luego vemos en el crucero un viejo magnate ruso (Zlatko Burić) con una chica joven (Carolina Gynning) haciendo alarde de su dinero, para luego volver a un sistema primitivo en la isla donde se produce el naufragio que reestructura el sistema en función de la supervivencia. La mujer de la tripulación (Dolly de Leon) es quien sabe pescar y hacer el fuego y los hombres quedan bajo su poder. La subordinación de la mujer hacia el hombre aparece relacionada intrínsecamente al sistema capitalista. El dinero se antepone al respeto, al amor, al placer.

La película está llena de grandes momentos. La charla por alto parlante entre el “capitalista ruso” y el “comunista estadounidense” es genial. El estadounidense es el capitán alcohólico del barco (Woody Harrelson) que despotrica contra su gobierno. La pareja de adorables ancianos que hicieron su fortuna fabricando bombas, el ruso vendedor de pesticidas, o Jorma (Henrick Dorsion), un empresario que hace funcionales aplicaciones para videojuegos. Millonarios malditos de una u otra forma. Con esa fauna el crucero tarde o temprano naufragará y no será por la tormenta externa.

Ruben Östlund hace una película extrema, cuya fábula social llega aún más lejos que en sus films anteriores, sin obviar ningún tema de coyuntura pero alejado completamente de la corrección política. Un film incisivo y perspicaz que pone el dedo en la llaga del sistema capitalista.

9.0
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