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Crítica de "El perro que no calla", original retrato de época de Ana Katz

El drama más atípico de la argentina Ana Katz, "El perro que no calla" (2021), presenta, sutilmente, una narrativa sobre la incertidumbre y la imprevisibilidad de la vida.

lunes 22 de noviembre de 2021

El perro que no calla utiliza a una perra que llora sin cesar como catalizador de la trama, que está compuesta por distintos fragmentos de la vida de Sebastián, un hombre de treinta años, cuya realidad sufre importantes cambios desde la muerte del animal. La trama narra diferentes momentos de las vivencias del protagonista a través de elipsis temporales, desde su disposición para dejar su trabajo y cuidar de su perra, pasando por una mudanza a la pampa, sus inicios como agricultor en un campo, el nacimiento de su hijo, su separación, y lo más sorprendente de todo, la colisión de un asteroide con el planeta.

El tema central es el cambio, esa transformación constante que es la vida, y que no solo pasa por una alteración física propia de la edad, sino por las experiencias de diferentes etapas de la existencia. Es realmente llamativa la capacidad que tiene la cineasta de comenzar la historia con unos inofensivos ladridos de una perra que se siente triste, y acabar con una visión prácticamente apocalíptica del mundo, sin romper con el tono, ni con el universo que presenta.

El uso de ilustraciones en ciertos momentos, la hacen realmente original. Esos dibujos, en forma de bocetos animados explican aquello que no se muestra delante de la cámara, como si fuese un cuento. Más allá de su belleza estética, es cierto que es una forma muy inteligente de no mostrar momentos que hubiesen sido complejos de representar a través de grabaciones, como el atropello de un perro y su entierro, o, el choque de un meteorito contra la Tierra.

Presentar las escenas a través de fragmentos de la vida de alguien, con elipsis espaciadas en el tiempo, es una buena decisión, ya que aportan un gran ritmo y dinamismo en una realidad en la que el espectador medio es incapaz de prestar demasiada atención a la pantalla por un período largo y continuado. Ofrecer al público algo nuevo constantemente, y en forma de píldoras, funciona extremadamente bien.

Lo que más sorprende del film, es que Katz lo rodó antes de la pandemia del COVID-19, "prediciendo" de alguna forma la enfermedad colectiva y la obligatoriedad del uso de mascarillas, que se asemejan a los cascos de oxígeno que presentan en la trama. Las similitudes entre estos dos elementos, como la imposibilidad de respirar correctamente o la dificultad a la hora de entendernos, hacen realmente curioso este producto audiovisual.

El perro que no calla es originalidad en bandeja, con un tono que une la comedia al drama, y viceversa. Es un gran relato de vivencias, como si nuestro cerebro antes de morir ordenase nuestros recuerdos, pero en una bella cinematografía en blanco y negro.

8.0
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