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Crítica de “Sin tiempo para morir”, el épico final de Daniel Craig en la piel del agente 007

Un aire de final sobrevuela las casi tres horas del film de Cary Fukunaga, en donde James Bond repite tópicos de sus otras películas y a la vez se desmarca de todas ellas.

sábado 02 de octubre de 2021

La postergada Sin tiempo para morir (007: No Time to Die, 2021) está a la altura de las circunstancias con un guion preciso que funciona de revival en muchos sentidos (regresan autos, ciudades y personajes de películas emblemáticas de la saga) pero a la vez marca un cierre para Daniel Craig y el itinerario del agente secreto.

James Bond (Craig) está retirado y disfruta de la vida junto a la Dra. Madeleine Swannen (Léa Seydoux) en una ciudad medieval italiana cuando el pasado le explota literalmente en la cara. Los motivos del atentado lo obligan a reingresar a la fuerza pero descubre que su legendario numero 007 ahora lo utiliza Nomi (Lashana Lynch). Recursos del guion para anticipar el eminente retiro del actor protagonista.

Aparecen nuevamente el fantasma de Spectre, Blofeld (Christoph Waltz) y Safin, el villano de turno interpretado por Rami Malek, quien tiene un asunto personal con la novia de Bond. A partir del conflicto personal Sin tiempo para morir busca romper con los estereotipos del famoso espía, modificando los vínculos afectivos del solitario personaje y dándole un épico fin a sus aventuras.

De alguna manera el recorrido de Daniel Craig en la piel de Bond estaba predeterminado por un final de estas características. El actor de la “trompita" compuso al Bond objeto sexual pero también al Bond humano, oscuro, que sangra y sufre. En esa línea las distintas películas hicieron malabares para imprimir la espectacularidad y el juego al límite con el verosímil, marca registrada del espía inglés. Tal vez al tratarse de una última película los guionistas se permitieron tomar atribuciones que antes no podían. Tal vez el cierre de una etapa fue la excusa para salirse de las convenciones.

A la vez, Sin tiempo para morir no deja de ser una película de James Bond. Aparece una amenaza que une a los rusos, los cubanos y los japoneses como ejes de un mal desdibujado (en pintadas de fondo en los decorados) para rememorar tiempos de la Guerra Fría donde nace el personaje de Ian Fleming. También regresa Jamaica como el paraíso terrenal donde se aísla el protagonista o la isla como epicentro de operaciones del villano.

La película número 25 del famoso agente está bien filmada con escenas de acción que imprimen vértigo y adrenalina al extenso relato (la persecución en moto, el escape en auto o las peleas a golpe de puño) y construyen la epopeya de un Bond que quema sus último cartuchos. De esta manera el director de Beasts of No Nation (2015) aprovecha la despedida de Craig para llevar al límite motivos y conceptos arrastrados desde Casino Royale (2006) hasta aquí.

6.0
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