Bordeline

La herida

La película del realizador español Fernando Franco narra la penosa existencia de Ana (laudatorio trabajo de Marian Álvarez), una joven que padece el Trastorno Límite de Personalidad, enfermedad también conocida como Trastorno Borderline.

La herida
miércoles 20 de noviembre de 2013
Los días de Ana están bifurcados; por un lado, su trabajo como ayudante en una ambulancia es correcto, más allá de algún eventual entredicho con su compañero. Pero fuera del ámbito laboral su malestar se acrecienta. Ana se siente triste, acosa a su ex pareja con llamadas y mensajes de texto, evita a su madre encerrándose en su cuarto, pasa su tiempo libre chateando con un desconocido y lastima su propio cuerpo cortándolo y apagando alguno de los tantos cigarrillos que enciende en su propia piel.La herida (2013) es inexorablemente una película dura. Un calificativo que suele emplearse en consonancia con los golpes bajos, aquellos de los que este film carece. Ahora bien, ¿cómo trasponer ese malestar si no es a través del reflejo de lo cotidiano? La puesta con la que Franco desarrolla esta premisa es quirúrgica pero no ascética. En todo momento la cámara acompaña a Ana, posándose sobre sus gestos y actos más autodestructivos para avanzar sobre su dolor, no para regodearse en él. Alejado del didactismo, el realizador deja varias líneas argumentales en penumbras. ¿Por qué los padres de Ana se divorciaron? ¿Cuánto en la actitud de la madre es desconocimiento y cuánto desidia? ¿En qué términos se detuvo la relación amorosa con Alex, el ex novio? Tal vez la mayor incógnita sea cuál fue el origen de ese mal, haciendo que los interrogantes se replieguen unos con otros y la trama adquiera un matiz impresionista.La puesta en escena tiene reminiscencias del cinema verité y, más contemporáneamente, de la dirección de los hermanos Dardenne. Por su protagonismo femenino y su malestar a punto de estallar, la referencia más directa es con Rosetta. Cortes bruscos, banda sonora llena de golpes secos, cámara en mano, planos secuencia que siguen la espalda del personaje; tales son las herramientas de Franco que mejor cohesionan ese amplio espectro de cuadros de desesperación.Inicialmente concebido como un proyecto documental, el film encuentra en la labor de Álvarez todo el nervio y la expresividad para componer un trabajo sutil aun cuando es pródigo en accesos de ira y autoflagelaciones. Un mérito justamente recompensado en la última edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que le valió a la actriz una Concha de Oro.
8.0
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