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Crítica de “Ali G: Kién ez yo?”: la incorrección política según Sacha Baron Cohen

A 24 años de "Ali G anda suelto", Sacha Baron Cohen recupera a su rapero más provocador para burlarse de la corrección política, el racismo y la hipocresía estadounidense.

Crítica de “Ali G: Kién ez yo?”: la incorrección política según Sacha Baron Cohen
miércoles 28 de octubre de 2026

En Ali G: Kién ez yo? (Ali G: Who Iz I?, 2026), Sacha Baron Cohen recupera al personaje que lo convirtió en una figura del humor británico más irreverente. La película funciona como continuación de Ali G anda suelto (Ali G Indahouse, 2002), dirigida por Mark Mylod, en la que exponía el absurdo de un sistema capaz de convertir la ignorancia y la provocación en herramientas de poder: Ali G llegaba al Parlamento casi por accidente y sus ideas disparatadas conseguían una popularidad que los políticos tradicionales no podían explicar. Más de dos décadas después, el personaje regresa para poner a prueba las contradicciones de una sociedad atravesada por las redes sociales, la polarización y el avance de la ultraderecha.

Olvidado por el público, Ali G recibe una oferta para recuperar su antiguo programa y viaja a Estados Unidos junto a su pareja, "Mi Julie" (Morgana Robinson), embarazada de ocho meses. La búsqueda de una segunda oportunidad profesional pronto se convierte en un recorrido por los prejuicios y las tensiones culturales del país. Convencido de su propia relevancia, el protagonista choca tanto con los discursos de la corrección política como con el racismo estructural que vuelve a ganar terreno. 

Como en Borat (2006), Brüno (2009) o El dictador (The Dictator, 2012), Baron Cohen parte de una premisa sencilla para construir situaciones que combinan el absurdo, la incomodidad y la provocación. Algunas secuencias son geniales, como el video de disculpas generado mediante inteligencia artificial en el que distintas celebridades claman por Ali G, o el espectáculo financiado por un supremacista sudafricano que propone deportar inmigrantes a una cámara de gas. Sin embargo, no todas las situaciones encuentran el mismo equilibrio entre la sátira y el golpe de efecto, y la película no siempre consigue la precisión de sus mejores producciones.

Detrás de la insolencia, además, aparece un personaje obligado a enfrentarse con sus propios temores. La inminente paternidad pone en crisis su inmadurez y su necesidad de reconocimiento, mientras la búsqueda de una identidad se mezcla con el deseo de recuperar una fama que quizá nunca tuvo la importancia que él le atribuye. 

Sacha Baron Cohen vuelve a reírse de todos, aunque el blanco principal sigue siendo una sociedad que proclama la libertad mientras reproduce mecanismos de exclusión. Ali G: Kién ez yo? no alcanza la contundencia de sus mejores películas ni profundiza demasiado en las estructuras de poder que ridiculiza. Aun así, conserva una virtud cada vez menos frecuente: incomodar sin pedir disculpas y utilizar el humor para exhibir las contradicciones del mundo actual.

6.0
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